
Por: Luis Beltrán Guerra G. - 17/05/2026
Está escrito y en unas cuantas páginas que la tarea para determinar lo que es “la verdadera política”, conduce, prima facie, a repetir que históricamente han existido dos percepciones opuestas, una en la cual se analiza la naturaleza de la sociedad, el gobierno y las causas y las formas óptimas de organización humana, tomando en cuenta tanto el bienestar individual como el colectivo. En ella se demanda una dosis determinante de “virtud”, esto es, de integridad, ética, pudor y excelencia. En la segunda percepción pareciera inspirarse en lo utópico de la anterior, pues concibe a la política como una práctica sinuosa y simuladora, por lo que quienes la conducen, con tal de alcanzar sus objetivos, acuden a cualquier mecanismo, independientemente, de su moralidad.
En un contexto histórico y científico la autoría de la primera suele atribuirse a “Aristotelis” y la segunda a Nicholas Machiavelli”.
Una tercera, que pudiera considerarse intermedia, la más común, aquella que toma un poco de una y de la otra, quedando estas como tendencias. Sus consecuencias, no satisfactorias.
Es en el contexto de la referida ambivalencia que se nos plantea recopilar evidencias, que permitan corroborar si la Venezuela de hoy está en realidad encausada en “la ruta de “la verdadera política” y por tanto alejándose de “la mala”, en la cual tristemente ha merodeado como lo revelan unos cuantos capítulos de su historia. Alienta que en El Nacional, histórico periódico venezolano, fundado en 1943, se reseña que Marco Rubio, Secretario de Estado (EEUU), ha reiterado que la transición en Venezuela culminará con elecciones, pero con la sana advertencia de que la prioridad actual pasaría por garantizar primero estabilidad económica y operativa en el país. O sea, que sin lo último no pareciera real pensar en lo primero.
En la British Broadcasting Corporation se reitera la apreciación de que para el gobierno de los EEUU, el noble país suramericano está compelido primeramente a la estabilidad política, económica y operativa, sin lo cual no podría edificarse una democracia seria. Será acaso, cabe preguntarse, sin el ánimo de herir susceptibilidades, que para el Norte en Venezuela reina desorden, confusión, vorágine y hasta anarquía. Y que ello permite entender con más precisión la providencia a que se refiere el Secretario de Estado, conforme a la cual “la comercialización de petróleo venezolano y los recursos de ella derivados están sujetos al control de los EEUU”. En la BBC la apreciación se atribuye, asimismo, al propio Presidente del Gigante del Norte.
Los párrafos anteriores reiteran, sin lugar a dudas, el protectorado, la tutela y la corresponsabilidad gubernativa entre los Estados Unidos y Venezuela. Y, por consiguiente, que pareciera aconsejable que gobierno y oposición en aras a la nobleza del pueblo venezolano lo comprendan. Y en atención al mejor provecho de una republica que demanda disfrutar de sus privilegios.
La Divina Providencia, diera la impresión, de que ha escuchado los rezos, pues hay signos proclives a entender que hay una realidad tipificada, entre otras, por:
1. La decisión de una potencia mundial, en principio, la primera, de estatuir un gobierno y quién ha de dirigirlo,
2. Una Constitución con una vigencia cercana a los 27 años, en la cual se estatuyen los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, señalándosele sus atribuciones y límites,
3. Los poderes ejecutivo, legislativo y judicial a nivel nacional estatuidos, así como las gobernaciones de Estado, sus asambleas legislativas y las municipalidades, llamadas por cierto a la atención de ingentes problemas locales de notable interés para los habitantes.
En la convicción que tenemos los venezolanos de vivir en democracia, para Winston Churchill y otros el más idóneo de los existentes, como lo revelan la diversidad de intentos que se han adelantado para lograrla, entusiasma y bastante que María Corina Machado, quien representa al movimiento “Vente Venezuela”, el cual aglutina una determinante mayoría en la lucha por la democracia ha planteado a Delcy Rodríguez, con quien Estados Unidos coordina la corresponsabilidad gubernativa, sumarse al proceso de cambio institucional, esto es, a la transición a la democracia.
El mensaje fue compartido por la premio nobel de la paz en entrevista concedida a Christiane Amanpour en CNN.
La líder del partido Vente Venezuela agregó, asimismo, que en “la Fuerza Armada Nacional “más del 80% de sus miembros desea una transición a la democracia”, mención por demás interesante, dado los incontables capítulos de nuestra historia reveladores de una vocación casi patológica de los militares al ejercicio del poder, fuente que ha de calificarse como nutriente de lo opuesto a la ruta de la buena, racional y verdadera política.
No pareciera haber dudas, en aras, de la franqueza, que deberíamos reiterar la visión aristotélica del individuo como político con el don de la palabra, la persuasión y el interés de lo común, debido a la necesidad de vivir en comunidad, por lo que al arte de gobernar ha de percibírsele como una actividad cooperativa en búsqueda de tan ansiado bien. Es una apreciación muchos más bondadosa que la de Machavelli para quien la política no está encaminada a la cooperatividad, más bien al conflicto derivado del individualismo. Conclusión, que quien desea hacer política, debía estar dispuesto a internarse en la “senda del mal”. La ciencia de la política se convierte en la ciencia del poder, suele expresarse por quienes la censurar, por cierto, unos cuantos.
Dios quiera que si los venezolanos lo hemos padecido, entendamos que ya es hora para cambiar, lo cual supone analizar con objetividad no tener que pensar dos veces en cuál es la forma correcta y compararla con lo que hacemos, teniendo presente que no cuesta mucho caer en la praxis de Machiavelli.
La conclusión seria, por consiguiente, que diera la impresión de que Caracas está intentando abandonar a Machiavelli para dejarse conducir por Aristóteles.
La mejor demostración de adquisencia para una metodología adecuada ante el embrollo, el cual pareciera ser siempre tentador, es la contienda política sana, la cual no puede ser otra que la de conciliar unos y otros, los del gobierno provisorio y quienes aspiran a reemplazarlo, lo que ha de hacerse bajo los patrones democráticos. La justicia sancionadora no quedaría en el olvido, pero ha de ser objetiva. Así ha sucedido en un otrora no muy lejano en la noble Venezuela. Y muy particularmente bajo la democracia establecida por la Constitución de l961.
Y porqué no traer a colación que las páginas de la historia del país, revelan que “la adquisencia” para una metodología adecuada ante la crisis que evidentemente se confronta, nos lleva a recordar que a partir de l961, una democracia de partidos gobernó a Venezuela por casi 40 años, durante la cual se eligieron por el voto popular a un numero respetable de Jefes de Estado, parlamentarios y jueces. La ecuanimidad, para la lingüística, “capacidad de mantener una actitud estable, serena y equilibrada frente a las diversas situaciones de la vida” en política, tal vez, mas necesaria que en otras áreas, es una lampara para que la Presidenta Rodríguez y la Premio Nobel de la Paz se miren en aras de la objetividad de lo que es Venezuela y la perentoriedad de amarla conduciéndola por el camino de la certeza democrática.
Seguro estamos de que contribuirá a la democratización que tanto demandamos.
Manos a la obra solía expresar el Presidente Carlos Andrés Pérez, fundador y defensor de la democracia y con quien Venezuela estará en permanente deuda. Permítanme, por favor, escribirlo.
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