
Por: César Vidal - 27/02/2026
Como no podía ser menos estoy siguiendo con enorme atención la evolución de la política en Venezuela y Cuba. Llevo haciéndolo desde hace décadas – en el caso de Cuba desde, literalmente, mi infancia – y mi interés ha ido, en general, en aumento. Precisamente por ello me ha llamado poderosamente la atención que el secretario de estado Marco Rubio haya señalado que el cambio en Venezuela va a seguir un proceso de transición como el experimentado por España en la segunda mitad de los años setenta del siglo pasado. Ignoro si esta afirmación de Rubio arranca de un análisis concienzudo o simplemente pone de manifiesto que su conocimiento de la Historia y de la geopolítica es muy limitado. Por supuesto, podría tratarse de las dos circunstancias, pero permítaseme que dibuje lo que fue la transición española en sus características más obvias y juzgue después cada cual si ese es el proceso que consideraría recomendable para Venezuela y Cuba.
1. Habrá amnistía total sin responsabilidades penales o políticas: la transición española se llevó a cabo después de una tensa segunda república en que no faltó el pistolerismo por ambos bandos, de una guerra civil caracterizada por tener más muertos en la retaguardia que en el campo de batalla y por una dictadura de casi cuarenta años. La manera de salir de esa situación fue la concesión de una amnistía total y muy generosa para todos los crímenes cometidos incluidos los muy recientes de terrorismo o de torturas. Nadie, absolutamente nadie, fue enjuiciado por lo sucedido en esas décadas y la gente que se encontraba en prisión fue puesta en libertad.
2. No habrá purga en los aparatos de seguridad ni en las fuerzas armadas: en armonía con esa amnistía generalizada, no se llevó a cabo ninguna purga ni en la policía ni en el ejército aunque hubieran ejercido tareas de represión y hubieran cometido crímenes. Todos conservaron sus puestos, cargos, condecoraciones y beneficios aunque sí se devolvió su grado a los que lo habían perdido por haber combatido en el bando derrotado en la guerra civil.
3. El proceso lo capitaneará la gente del régimen dictatorial anterior: el proceso de transición fue capitaneado desde el mismo régimen de la dictadura. Es cierto que, a partir de un cierto punto, esa gente del régimen franquista – con el rey y Adolfo Suárez a la cabeza – comenzaron a dialogar con las fuerzas políticas de oposición, pero, en ningún momento, dejaron de tener las riendas del proceso.
4. El exilio tendrá sólo un papel simbólico, pero no relevante ni mucho menos decisivo: por supuesto, los exiliados pudieron regresar a España – muchos lo habían hecho ya desde 1969 – pero no tuvieron un peso importante ni decisivo en el proceso de transición. Algunos exiliados simbólicamente pasaron a ser miembros del congreso como fue el caso de comunistas como la histórica Pasionaria, el poeta Rafael Alberti o el propio Santiago Carrillo, secretario general del partido comunista además de algún nacionalista catalán como Josep Tarradellas, pero la transición la decidió la gente que se había quedado en el interior del país y no los exiliados o los hijos de los exiliados.
5. No habrá restituciones salvo para algunas entidades: no hubo restituciones a particulares por las propiedades incautadas en el curso de la guerra o de la dictadura. Las únicas devoluciones afectaron a partidos políticos de la época de la república y a sindicatos. No se restituyeron, sin embargo, a entidades como las iglesias evangélicas cuyos inmuebles y escuelas fueron expropiados para entregárselos a la iglesia católica. Tampoco el patrimonio expropiado a la masonería fue devuelto. Igualmente, tampoco se fijó ninguna indemnización para particulares aunque fuera de manera simbólica.
6. El juego electoral otorgará un papel fundamental al antiguo régimen: lejos de desaparecer el franquismo del juego político sus fuerzas siguieron teniendo un peso decisivo en el futuro nacional. No se trataba sólo de que el jefe del estado – el rey Juan Carlos – hubiera sido designado por Franco o de que el presidente del gobierno Adolfo Suárez viniera de las filas del movimiento nacional sino de que la derecha, salvo honrosas excepciones, procedía de las filas franquistas aunque se fragmentara en grupúsculos de extrema derecha como Fuerza nueva, la Alianza popular del antiguo ministro franquista Manuel Fraga o la Unión de Centro democrático de Suárez en la que se integraron también fuerzas democráticas de derecha. De hecho, la misma ley electoral fue diseñada para otorgar un predominio al votante de derechas, un predominio que la derecha no siempre supo aprovechar por sus luchas intestinas.
7. La política exterior no será soberana sino sometida: aunque fue un factor del que no se hizo mención durante su desarrollo, es obvio que el proceso de transición española fue tutelado fundamentalmente por los Estados Unidos desde antes de la muerte de Franco con un papel inicial y especial de Henry Kissinger. Esta circunstancia significó que España se vería integrada en la OTAN – apenas unos años después de la muerte de Franco se produjo la entrada formal – y que su política exterior carecería de independencia viéndose subordinada a la de la Casa Blanca.
Éstas fueron las características de la transición española. Juzgue el lector si es como desearía que tuviera lugar la transición en Venezuela o en Cuba o si por el contrario considera tal posibilidad indeseable diga lo que diga Marco Rubio.
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