¿Puede haber paz duradera entre El Líbano e Israel mientras Hez bolá no se desarme?

Ricardo Israel

Por: Ricardo Israel - 26/04/2026


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Se viven días de optimismo. Con EE. UU. como facilitador ya se han reunido dos veces, en pocos días a nivel de enviados y embajadores, en negociaciones directas y en preparación de una reunión entre Netanyahu y el presidente Aoun en un futuro cercano. Este jueves 23 de abril Donald Trump anunció que el alto al fuego se extendería por otras tres semanas, un cese de hostilidades que no “alcanza al 100 %” se apresuró en aclarar el embajador israelí en la ONU lo cual es cierto, considerando que cada misil, ataque o provocación de Hez bolá tiene una inmediata respuesta israelí, a veces devastadora.

Salvo por grupos como este, ambos países, vecinos y fronterizos, debieran haber tenido mejores relaciones, incluso estrechas, pero demasiado ha influido en El Líbano la interferencia extranjera, ya que factores internacionales han sido determinantes, lo que incluye en orden cronológico a la Liga Árabe, la OLP palestina, Siria, el origen y conclusión de la guerra civil, e Irán. El conflicto se inicia en 1948, al día siguiente de la Declaración de Independencia de Israel, cuando El Líbano es uno de los 5 países árabes cuyos ejércitos invaden, lo que no debió haber ocurrido, toda vez que El Líbano había sido creado desgajando territorio de la gran Siria donde Francia reemplazó al imperio otomano, fundamentalmente para que la minoría cristiana tuviera protección a través de un complicado arreglo político-confesional donde el presidente seria cristiano maronita, musulmán sunita el primer ministro y chiita el presidente del Parlamento.

Después del cese del fuego la frontera común fue por años una zona relativamente tranquila en comparación al resto de los países vecinos, pero todo iría a cambiar cuando las milicias palestinas fueran expulsadas de Jordania en 1970 después del septiembre negro, instalándose en el sur de El Líbano para atacar a Israel desde ese territorio. Lo hecho por la OLP (Organización de Liberación Palestina), el FLP (Frente de Liberación Palestina) y otros grupos menores, va a tener como consecuencia invasiones de Israel en 1978 y 1982. Esta segunda genera la expulsión de Arafat y sus cercanos, de Beirut a Túnez donde quedaría instalado hasta que el acuerdo en Noruega con la OLP condujo a la creación de la Autoridad Palestina. Es en Ramallah donde se instala Arafat en la presidencia, y desde allí dirige su convocatoria a la segunda Intifada. En el intertanto, a partir de 1975, la radicalización que sufría el país como consecuencia de diversas circunstancias, internas y externas, sobre todo por la interferencia de Siria, lleva a una guerra civil entre musulmanes y cristianos, conflicto que acaba con el estatus de El Líbano como “el Paris del medio oriente” y con el experimento de tolerancia multicultural que había tenido lugar.

Es en ese periodo, a partir de los 80 que Irán crea como brazo de la Revolución Islámica a Hez bolá, el “Partido de Dios”, que desde entonces condiciona toda la soberanía libanesa, de tal modo que en definitiva reemplaza a Siria como la influencia externa más relevante, lo que permite que esa milicia terrorista se transforme en un actor militar más poderoso que las propias fuerzas armadas, tanto que al retirarse Israel de su ocupación del sur del país, ese vacío en vez de ser ocupado por el Estado lo fue hasta fecha muy reciente por Hez bolá, utilizando ese territorio y a la población cautiva como rehén humano para atacar sistemáticamente a Israel, sufriendo cada vez la respuesta israelí que toma la forma de una breve guerra el 2006.

La situación geopolítica había variado. Israel se había retirado del todo el año 2000 con la esperanza de no volver, pero la ocupación del territorio evacuado por Irán a través de Hez bolá fue parte de la estrategia de Teherán de un “cinturón” que rodeara a Israel mientras la República Islámica buscaba conseguir su bomba atómica. Es un periodo donde Irán es de tal modo dominante, que Hez bolá se transforma en milicia a su servicio, trasladándose también a Siria para defender a la dictadura de al-Asad en la guerra civil que tuvo lugar en ese país, y para llevar al terrorismo a Buenos Aires.

Cuando Hamas invade Israel el 7-X-2023, al día siguiente comienza sin parar el ataque de Hez bolá y por su intermedio de Irán desde El Líbano, a pesar de que se vivía un cese del fuego, y es de tal modo constante, que, en protección de su población fronteriza, Israel debe evacuar por meses a decenas de miles de ciudadanos cuya vida cotidiana se hizo imposible, no solo judíos, sino también israelíes de origen árabe y beduino.

Esa situación vuelve a repetirse inmediatamente después del ataque conjunto de EE. UU. e Israel a Irán a partir del 28 de febrero, y de todos los llamados “proxis”, es decir, milicias que respondían a Irán en la región, es únicamente Hez bolá, quien responde atacando de inmediato, a pesar de la reiterada petición de Israel a las autoridades libanesas para que no se produjera esa situación. Aparentemente, el Estado libanés no pudo conseguirlo, pero sí hizo pública su posición que era inaceptable lo que se hacía, ya que los terroristas estaban arrastrando una vez más al país a una guerra que era de Irán, donde llevaban todas las de perder, además que, por vez primera en muchos años, el resto del país mostraba su disgusto hacia ellos, evidencia que habían perdido el respaldo interno que gozaron en otras épocas.

Al mismo tiempo, una vez más los efectivos militares de la ONU mostraban la ineficiencia que los caracteriza, ya que no hacían nada para hacer cumplir resoluciones de ese organismo según las cuales Hez bolá tenía prohibido situarse al sur del Rio Litani. Ese es el contexto en el cual se produjo la más reciente invasión israelí, con el declarado propósito de expulsar a los milicianos de la frontera hacia el rio mencionado, recreando en la práctica la ocupación de 1982, reconociendo al igual que en Gaza el fracaso de un retiro unilateral, el cual en El Líbano solo puede ser consecuencia de lo que se ensaya ahora, un acuerdo de paz, ya que Hez bolá era y es un instrumento de Irán, su creador.

En otras palabras, hay un alto grado de posibilidades que con Hez bolá se repita una situación semejante a la que existe hoy con Hamas en Gaza, donde Israel volvió a ocupar una franja de terreno dividido por la llamada línea amarilla, en ese territorio de donde Israel se había retirado el año 2005, también con la esperanza de no tener que volver. Es decir, después de 26 años Israel volvía a ocupar el sur de El Líbano y después de 21 años lo hacía con más de la mitad de Gaza, como consecuencia de decisiones originadas en Hez bolá y en Hamas.

Y aquí entramos a un tema de fondo de esta columna: cuidado con las expectativas. Israel está en guerra con Irán y ello conlleva confrontar definitivamente la amenaza de Hez bolá como su brazo armado, esta vez, quizás por vez primera, en conjunto con El Líbano, cada vez más convencido que han sido otra víctima de la Revolución Islámica. Pero el éxito va a depender de que no solo Beirut sino también Israel sea lo más realista posible en cuanto a qué esperar y qué se puede lograr.

La realidad muestra que Hamas sin duda sigue contando con fuerte apoyo en Gaza, simplemente no se desarmó, y entre la línea amarilla y el mar está todavía controlando a la casi totalidad de la población. Por su parte, Hez bolá ya no cuenta con la complicidad del gobierno, y hoy existe una separación de aquel sector cristiano con el que negoció al igual que el alejamiento de minorías como los drusos, sin embargo, sigue teniendo el apoyo de los chiitas. Cuidado con las expectativas, ya que, aunque ambas han sido derrotadas militarmente al igual que Teherán quien ha sido tan golpeado que no está en condiciones de ayudarlos, sin embargo, ello no significa lo mismo que en otras partes, toda vez que triunfo y derrota tienen significados distintos y se expresan en forma diferente a occidente en el medio oriente.

Ninguna de las dos milicias va a desaparecer ya que son mucho mas que grupos terroristas, al ser movimientos cuyo fundamentalismo tienen un sustrato religioso, además de tener una base social, cuya adscripción proviene no solo de la identidad o de la etnia, sino que aun en las más desfavorables circunstancias, cumplen todavía funciones de seguridad social para su gente, como también entregan servicios tan importantes como educación y salud.

Israel puede, sin embargo, tener la tranquilidad que por ahora y por algún tiempo que puede ser largo, ya no representan un peligro de invasión, no solo desde Gaza y desde el sur de El Líbano, sino que no se ve como Irán podría ayudarlos.

Sin embargo, ahora la novedad es el apoyo que Israel ha recibido de los países árabes sunitas, lo que representa el cambio más importante que ha sufrido la región en mucho tiempo, en cierto modo similar a lo que ocurriera después de la segunda guerra mundial, cuando quienes habían sido los enemigos de EE. UU. se transformaron hasta el día de hoy en aliados, como es el caso de Alemania y Japón. En ese caso mucho ayudó el temor que despertaba la URSS durante la guerra fría, rol que hoy cumple Rusia en el caso de Alemania y China, en el de Japón.

En el caso de Israel y los países árabes ese papel fue jugado por Irán, ya que el temor que despertaba la posibilidad que la Revolución Islámica tuviera una bomba atómica, permitió que hubiera apoyo, incluso militar a Israel, cuando fue atacado por Irán con una andanada de misiles el 2024, incluyendo países árabes que en el pasado habían ido a la guerra. Ese apoyo también fue visible cuando Israel atacó junto a EE. UU. el 2025 en la Guerra de los 12 días, donde los aviones israelíes cruzaron territorio árabe en su camino a destruir las defensas aéreas iranies para logar total dominio de los cielos. De tal modo estoy convencido de esta relación que, en un reciente libro de mi autoría sobre Israel publicado por el Instituto Interamericano para la Democracia en noviembre 2025, la bajada de título de la portada recoge la tesis principal, que “el futuro (trae consigo) una alianza con antiguos enemigo, los países árabes sunitas” (*)

Mas aun, convencido también estoy que si EE. UU. logra que por negociación, bombardeos o reventón económico Irán acepte el fin de su proyecto de bomba atómica, el medio oriente va camino a una nueva realidad, ya que los países árabes del golfo quedaron tan preocupados por la agresión iraní y la forma como afectó su exportación de petróleo y gas, que en esa zona aparecerá una nueva OTAN en reemplazo de la que quizás debió haber desaparecido junto con la URSS y que como consecuencia del distanciamiento sufrido con EE. UU. , en estos días está desapareciendo en Europa , pero que ahora reaparecería en esa parte del mundo con una entidad que agrupe a EE. UU., los países árabes sunitas e Israel para controlar el Estrecho de Ormuz, se proteja de Irán y probablemente exista una salida de combustible por nuevos oleoductos y gasoductos que crucen desde Arabia Saudita a Jordania e Israel, para exportarse desde allí en puertos mediterráneos hacia Europa y otro(s) lleguen al Mar Rojo para desde allí salir hacia Asia, es decir, entre otros destinos, China, India y Japón, donde el reciente reconocimiento de Israel a la República de Somalilandia, les da una efectiva presencia futura frente al Yemen, para controlar a los hutíes desde el Golfo de Adén.

Sería la oportunidad para que esta nueva alianza posibilite la aparición del Estado palestino pendiente, si es que su dirigencia esta vez aprovecha la oportunidad en vez de pedir la eliminación de Israel, como hasta ahora ha ocurrido en varias ocasiones.

Ello puede así ocurrir, ya que como consecuencia de la derrota militar de Irán, una realidad cambiada se hace presente a través de una nueva alianza en el medio oriente, a la vez, una confirmación de la creciente irrelevancia de Europa, sobre todo, si la negociación que está en curso entre China y EE. UU. culmina en un acuerdo en la visita de Trump a Xi Jinping el 13 y 14 de mayo, donde la suma de las economías de EE. UU. y China es de tal magnitud que todo el resto del mundo no va a tener alternativa sino sumarse, y en la práctica, de este acuerdo van a surgir las nuevas reglas que van a reemplazar aquellas que EE. UU. está hoy destruyendo al modificar su propia creación post 1945. Ahora, si no hay acuerdo lo único que pasaría es la mantención del estatus quo actual.

En el medio oriente, el acercamiento con los países árabes puede ser de tal magnitud que va a darse ese nuevo escenario o uno parecido, aún si Israel y EE. UU. separan caminos en relación con Irán, ya que los intereses de una gran potencia mundial son diferentes a una país de alcance solo regional, por mucho que hayan funcionado de muy buena manera en su ataque conjunto a la Revolución Islámica, ya que EE. UU. puede conformarse con que Irán acepte acabar con su programa atómico, mientras que Israel seguirá bombardeando ya que todo indica que la República Islámica ha sobrevivido, aunque hoy en una forma distinta, toda vez que en la guerra actual, el país persa parece dirigido por una especie de junta militar en reemplazo de los ayatolas, dado que no hay seguridad que el actual líder supremo esté vivo.

Así parece ser, y en ese contexto, Irán seguirá intentando la destrucción de la “entidad sionista”, toda vez que nunca lo identifica por su nombre. Sin duda, Israel seguirá actuando contra Hez bolá y Hamas, pero creo que, en ese esquema, EE. UU. de todas maneras seguirá proporcionando las armas y las municiones que son necesarias para combatir en tres frentes. No se combatirá todos los días, pero se dará con cierta probabilidad este escenario, existiendo dos circunstancias que le permitirían a Israel bases sólidas para seguir haciéndolo, en primer lugar, la economía no solo resistió, sino que creció desde el 7-X, y segundo, la continuación de la lucha contra Irán, a pesar de lo larga que ha sido, sigue manteniendo un fuerte apoyo en la población, convencida como está la mayoría que no van a volver a tener una mejor oportunidad.

A ello se agrega el actual dialogo con El Líbano que indudablemente es muy bienvenido, aunque no del todo sorpresivo, toda vez que no es la primera vez que en los últimos años que desde Beirut se recurre a los buenos oficios de Washington. Es así como esa intermediación facilitó que en octubre del 2022 se anunciara lo que se llamó un “histórico” acuerdo para demarcar las fronteras marítimas entre países rivales, lo que indudablemente ayudó al actual dialogo. En esa oportunidad, el interés libanés era notorio, ya que se trataba de aguas donde hay hidrocarburos, fundamentalmente gas, y Beirut enfrentaba una grave crisis económica desde el 2020, y en esas aguas no habría inversión internacional, mientras no se resolviera esa disputa, inversión que ayudaría también a resolver la propia crisis energética de El Líbano, muy visible después de la explosión portuaria.

Si las actuales conversaciones conducen a solucionar los problemas pendientes, un acuerdo de paz recobraría un camino que se interrumpió con el asesinato del presidente electo Bashir Gemayel, integrante de una familia tradicionalmente vinculada a la defensa de los cristianos maronitas, quien fuera volado por los aires el 14 de septiembre de 1982, antes que asumiera el cargo, por intermedio de un atentado organizado por la inteligencia siria. Así lo determinó el 2017 una sentencia del Consejo Judicial del Líbano, la instancia más importante del país en cuestiones de seguridad, que condenó en ausencia a los autores de este asesinato y de otras 32 personas.

La razón del atentado fue que Bashir Gemayel se había comprometido a hacer la paz con Israel. Siria volvió a estar detrás de un magnicidio, cuando el 13 de febrero de 2005 un coche bomba asesinó al entonces primer ministro Rafik Hariri y otras 21 personas, esta vez por intermedio de Hez bolá, cuyos ejecutores eran miembros, según lo determinó un Tribunal Especial respaldado por la ONU.

La realidad muestra que el serio diálogo que está teniendo lugar en Washington entre El Líbano e Israel no sería posible sin la destrucción militar que ha sufrido Irán, pero la paz no podrá materializarse si Hez bolá no es desarmada, y Beirut no logra imponer el monopolio de la fuerza en todo el territorio. Ello se ha unido a la otra gran novedad, ya que quizás por primera vez desde la independencia definitiva de El Líbano el 22-XI-1943, Francia quedó afuera de una decisión importante, toda vez que en este acercamiento Paris no tiene participación alguna, ni siquiera para la foto, por decisión de Israel, pero mucho más importante, aun antes, por decisión de El Líbano, pérdida de influencia que sin duda es un castigo a la politica exterior de Macron, pero también, testimonio de la creciente irrelevancia europea, sobre todo, de las potencias coloniales, que tanta responsabilidad tienen en el origen de esta situación.

No hay duda que Israel y el actual gobierno del Líbano, presidido por Joseph Aoun, excomandante en jefe de las Fuerzas Armadas desean el desarme de Hez bolá, pero por mucho territorio que ocupe Israel, ello no se va a materializar totalmente mientras no exista una disposición, voluntad y compromiso por parte del Ejército Libanés para concretarlo en todo el territorio del país, el que ha estado totalmente ausente hasta el momento, ya que no parece tener la capacidad militar para hacerlo como tampoco la voluntad, toda vez que ha estado tan dividido como el país y penetrado a distintos niveles por tropa y oficiales comprometidos con Hez bolá, situación que solo puede ser resuelta por un acuerdo político interno, que va a funcionar mejor que cualquier victoria israelí o que la actual asesoría y aprovisionamiento militar desde EE.UU.

Es, por lo tanto, la hora de la verdad para el Ejército Libanés, toda una incógnita si podrá superar sus limitaciones. Por ahora, el diálogo a alto nivel es todo un cambio en El Líbano, ya que antes no se quería ninguna relación en público, nada directo. Ahora, esta última vez, fue el propio gobierno quien solicitó conversaciones directas, cara a cara, y no hay duda de que para avanzar hacia la paz ayuda el cese del fuego, aunque se interrumpa y no sea total, siendo verdad que funcionan mejor cuando se hacen entre Estados, ya que cuando hay milicias como Hez bolá y Hamas, la realidad y los hechos muestran que una vez establecido, esa frontera puede ser violada, y le ha pasado a Israel con ambas milicias en varias ocasiones, ya que más que respetarlos estos Ceses son solo una oportunidad para fortalecerse.

Distinto ha sido el caso de los ceses del fuego con Estados, incluyendo al Líbano, toda vez que, en 1949, después de la guerra de Independencia se estableció la frontera entre Israel y los países invasores en la llamada Línea Verde. No solo ha sobrevivido, sino que en forma extraña se ha convertido en lo que no era, ya que, en vez de simple cese del fuego, se ha transformado en frontera “oficial”, incluso para los palestinos y la Liga Arabe, tal como tuvo lugar entre las Coreas en Asia.

¿Durarán los acuerdos a los que lleguen El Líbano e Israel?

Todo dependerá de si se logra el desarme del grupo terrorista. Por lo menos, la interferencia de Irán ha quedado por ahora muy limitada, tanto que el gobierno libanés se ha permitido pedirles quizás por vez primera que dejen al país tranquilo y se alejen, pero por derrotado que parezca, Hez bolá no va a desaparecer, ratificando el problema que crean milicias armadas que son mas poderosas en lo militar que el ejército regular. Sin ir más lejos, en El Líbano el desarme de Hez bolá fue aprobado el pasado septiembre, pero al respecto nada ha pasado, y hoy, oficialmente dicen que cualquier acuerdo con Israel “ni les concierne ni los obliga a nada”. Por ahora, parece que por algún tiempo en el sur de El Líbano se va a reproducir lo de la línea amarilla en Gaza, y toda paz al igual que un futuro Estado palestino estará muy vinculado a lo que no se ha podido imponer ni en territorio libanés ni lo logró la Autoridad Palestina cuando Hamas le dio el golpe de Estado en Gaza con escasa resistencia de quien era entonces la autoridad legitima, es decir, ambos tendrán que hacer lo que no han podido o querido hacer, controlar a milicias que no creen en el Estado nacional sino que en una utopía religiosa universal.

El mundo árabe está acostumbrado a etapas que duran lo que duran los recursos de los financistas. A muchos les llega el momento para desaparecer. Pasó con el panarabismo nasserista, con los movimientos comunistas, con los baazistas de Saddam y Al-Assad. Si tienen suerte, le ha llegado el momento de desaparecer a Hez bolá y sus mandantes persas, que en el Líbano por generaciones fueron chiíes profundamente orgullosos de ser libaneses hasta que se impuso una banda armada sobre ellos.

Por ahora, momentos esperanzadores, no solo para El Líbano, ya que un acuerdo de paz podría lograr lo que Hez bolá aleja, el retiro de las tropas israelíes en el sur y el regreso de los ciudadanos libaneses desplazados como también seguridad para los israelíes que tuvieron que abandonar sus casas.

Entre los modelos existentes, si todo sale bien, la Paz de Isaac que están buscando El Líbano e Israel podría asemejarse a lo mucho que ha avanzado la relación con los Emiratos en los Pactos de Abraham por sobre la frialdad de una paz simplemente territorial, en la que se devolvió territorios ganados en guerra como ocurrió con Egipto. El statu quo no favorece a nadie, ya que desde 1948 Israel no ha iniciado las guerras, sin embargo, las ha ganado todas, y quienes las originan terminan perdiendo territorios, los que solo han sido recuperados gracias a la negociación.

Sin embargo, nada de ello garantiza la paz. Para alcanzarla, por la disposición mostrada por el actual gobierno, todo, todo depende de si se logra o no desarmar a Hez bolá

(*) Ricardo Israel, En Defensa de Israel, Amazon, 460pp., 2025

@israelzipper

Máster y PhD en Ciencia Politica (U. de Essex), Licenciado en Derecho (U. de Barcelona), Abogado (U. de Chile), excandidato presidencial (Chile, 2013)


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