
Por: Luis Beltrán Guerra G. - 19/04/2026
No es del todo desacertado afirmar que a la Venezuela de hoy pudiera considerársele víctima de un desacuerdo como el de padre y la madre, cuando el primero no quiere bautizar a la hija, pero ella sí. Ambos convencidos de que es una niña hermosa que mucho promete. Asumamos, en la posible metáfora, que “el protectorado” estatuido a raíz del evento de 3 de enero, desempeña el rol de progenitor y la progenitora el liderazgo favorecido electoralmente el 28 de julio de 2024. Analizar el tema es el propósito de este ensayo.
Estimamos, para comenzar, que en lo referente a si a Venezuela en los últimos decenios le ha ido bien o mal, deberíamos tomar en cuenta la índole de las sociedades afectadas por un liderazgo cuestionado, en conjunción con una disciplina civil incierta, lo cual en la mayoría de las hipótesis conduce a un poder político carente de justificación ética y consecuencialmente tanto en lo atinente su ejercicio como a la procedencia y aplicación de la Ley. Negar la acotación, así como no luchar para observarla, si actuáramos con franqueza, es proseguir en nuestro engaño.
Es una reflexión sincera admitir de que en el país el proceso democrático logró consolidarse desde l958 hasta el 94, o sea, durante casi 4 décadas y a cargo de civiles . Por lo que la justificación ética y la observancia de la Ley estuvieron presentes, alimentando la estabilidad política de la época. Una Venezuela admirada surgía ante la escasez de democracias en la región, acompañada por Colombia y Costa Rica, una trilogía de las únicas existentes. “La democracia Betancuriana”, como debería calificársele, en honor a Romulo Betancourt, su ductor, encontró en la voluntad popular un apoyo concluyente, cercenando posibilidades de golpes de Estado. Pero, asimismo, del deseo de Fidel Castro de que el país caribeño terminara arropado por su mal denominada revolución.
En aras de un balance creíble en lo concerniente a nuestra historia política, habríamos de considerar, asimismo, de que Venezuela fue la primera colonia sudamericana en independizarse de España mediante una Declaración formal el 5 de julio de 1811, cuya materialización condujo a una larga y costosa guerra en aras de convertirnos en una república soberana, en cuyo empeño tenemos un buen rato. Unas cuantas travesuras, ha de puntualizarse, hemos cometido después de tan magna fecha, inducidos por razones mas personales que reales y poniendo intencionalmente de lado la máxima de que las constituyentes, por si solas, no cambian la realidad política, social y económica de los países. No se abusa manifestándose que hemos pretendido constitucionalizarnos, pero lo paradójico ha sido que nos hemos arropado en “una desconstitucionalización no recomendable”.
A un penúltimo capítulo, “por ahora”, en nuestra historia más reciente ha de hacerse referencia en el largo proceso de nuestra formalización constitucional, revelador de que este último pareciera “ad infinitum”. Nos referimos a la denominada Revolución Bolivariana” presidida por Hugo Chavez desde febrero de 1999 hasta marzo del 2013, cuya vacante fue suplida por Nicolas Maduro (2013/2026). La fuente generadora, un golpe de Estado, mecanismo que considerábamos periclitado a raíz de una democracia elogiada en America Latina y parte considerable del mundo (1961/1999), pero, también cansados de la metodología que a partir de 1908 era habitual. Nos las habremos sacado de nuestras mentes, no deja de ser una pregunta compleja. No obstante, la respuesta pareciera negativa.
Es en ese escenario en el cual se genera, por parte de Estados Unidos, lo que en ensayos anteriores hemos denominado “protectorado, tutela y corresponsabilidad gubernativa”. La justificación, como formalmente esgrimida por el Norte, poner término a actividades ilegitimas por parte del entonces gobierno de Caracas, o sea, el presidido por Nicolas Maduro, hoy procesado en una corte de New York. La corresponsabilidad estatuida por mandato de la Presidencia de USA erigida así: 1. Presidenta de la República, la abogada Delcy Rodríguez, para entonces vicepresidenta, 2. La vigencia, sin alteraciones, tanto en lo relativo a su integración, como funciones, de la Asamblea Nacional, electa bajo la Presidencia del Primer Magistrado depuesto, en ejercicio del poder legislativo y 3. El poder judicial a cargo del Tribunal Supremo de Justicia, asimismo, sin diferenciaciones. Asumamos, consecuencialmente, ser esta la realidad en lo atinente al ejercicio de los tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) estatuidos en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, aprobada mediante referéndum del 15 de diciembre de l999, popularmente conocida como “la constitución de Chavez. Estas son las características, “por ahora” de poder político en Caracas en atención a la naturaleza del regimen estatuido por la Casa Blanca, durante un poco mas de 3 meses y 17 días de habérsele estatuido.
Un movimiento popular adelantado por la venezolana María Corina Machado, galardonada recientemente con el “Premio Nobel de la Paz”, ha venido demandando un proceso electoral a efectos de relegitimar el poder publico en Venezuela mediante el sufragio popular, alternativa no prevista en “el régimen del protectorado”, pero que, como ha de reconocerse, pareciera haber recibido el apoyo de un número importante de países, en esencia democráticos. Diera la impresión de que la destacada dirigente política y sus seguidores se hubieran convencido de la poca viabilidad de que se respetare la elección del diplomático Edmundo González Urrutia, como Primer Magistrado en las elecciones de 2024 y a pesar del reconocimiento por mas de 15 países y organizaciones internacionales. Evidencia de ello, son las diversos encuentros con importantes jefes de Estado, parlamentarios, inclusive, de EEUU, titular del protectorado, tutoría o corresponsabilidad. La propuesta del movimiento “Vente Venezuela”, partido político creado por la Premio Nobel, apoyaría sin lugar a dudas la moción de su fundadora, tal como se percibe en forma, por demás, evidente, particularmente, tratándose, como pareciera obvio, de un liderazgo unificado, indivisible y sin fisuras, esto es, un solo bloque. El regimen tutelar, así como los poderes que se han constituido o reconocido con arreglo, ha de presumirse, que con el tutor, estará sometido prontamente a un nivel de exigencias, el cual no ha tenido. Dios quiera que en aras de la Venezuela que seguimos aspirando.
A pesar de los tropiezos, cuesta negar que a los venezolanos y porque no decirlo a los suramericanos les disguste la democracia, mas, por el contrario, la deseamos. Mucho debemos aprender para hacerla realidad, lo cual demanda a aprender de una vez por todas de que es a nosotros mismos a quienes incumbe determinarlo mediante el sufragio para elegir a gobernantes, legisladores y jueces, así como para revocarles. Estamos compelidos a tomar en cuenta en nuestras elecciones la diferencia entre “mandar al súbdito” y “gobernar “dirigir un país o a una colectividad política”.
En la Enciclopedia de la Política, Rodrigo Borja acota que “bajo la hipótesis de que en una sociedad políticamente organizada alguien tiene que mandar, se suscita de inmediato la cuestión de quién debe hacerlo legítimamente”. Esto es, a quien el pueblo haya legitimado para la tesonera misión. El Expresidente de Ecuador, nos da la impresión de haber asumido como una realidad la existencia de “sociedades políticamente organizadas”, en nuestro criterio, no todas, sino más bien, contadas. Asimismo, el jurista demarca que en ellas “alguien tiene que mandar”, para algunos un vocablo al cual no deja de tenérsele temor, determinantemente, en los regímenes democráticos cuestionables, de una numerosa existencia. Pues, en ellos “se manda, no se gobierna”.
Dios quiera que a los venezolanos nos gobiernen, pues cuando nos han mandado no nos ha ido del todo bien. Y que el Señor nos proteja de ello con o sin protectorado, tutoría y corresponsabilidad gubernativa, escenario en el cual lamentablemente estamos.
No perdamos la esperanza de que una mixtura de las dos interrogantes en el título nos induzcan a lo realmente constructivo. Y, por supuesto, en el contexto de un regimen democrático.
Las 2 interrogantes insertas en el titulo del ensayo, de conducirnos a bondades
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