¿Es la justicia una ilusión?

Luis Beltrán Guerra G.

Por: Luis Beltrán Guerra G. - 13/07/2026


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Un analisis objetivo del tema, por cierto pleno de complejidades, demanda tener en cuenta el conocimiento, las habilidades y experiencias, así como arbitrar providencias y adaptarse a nuevas situaciones y a ese aprendizaje para resolver problemas, contexto en el cual leemos que a la justicia ha de entendérsele como “la voluntad constante y perpetua de dar a cada quien lo suyo”. Por cierto, para algunos, redundante, puesto que no puede darse lo que ya se tiene, resultando más apropiado concebirla como “una metodología para asegurarle a cada persona que conserve y disfrute pacíficamente de lo que le pertenece conforme a la Ley, protegiéndole de los abusos por parte de los demás”.

En la Venezuela de hoy, golpeada por un sismo con consecuencias catastróficas, nos miramos como preguntándonos el por qué, a quiénes imputar la responsabilidad, cómo acudir a la justicia y qué hacer para que su peso se haga realidad. El venezolano Miguel Dao ha escrito que “politizar una tragedia no resulta lo apropiado, en cambio, exigir que se establezcan responsabilidades es un acto de justicia inaplazable”. La seriedad del compatriota, el profesionalismo y su amor por el país obligan a tomar en cuenta la seria y objetiva apreciación. Es cuesta arriba dejarla de lado.

El destacado filosofo de Harvard, Michael J. Sandel, por su parte, plantea que la justicia se fundamenta en “hacer lo que es debido”, lo cual conduce a maximizar el bienestar, respetar la libertad y promover la virtud. Somos devotos de la prosperidad y la libertad, pero no podemos prescindir de la vena negociadora de la justicia. El reconocido maestro reafirma que “es la mejor manera de vivir”.

Por cierto, que las consideraciones de Sandel están relacionadas con el huracán Charly en la Florida (2004) y la sustancial alteración de los precios de productos de consumo masivo. Una abusiva alteración de la justicia y sus pautas.

¿Se incurriría en un absurdo plantearse si aquella realidad pudiera confrontarse con ocasión del reciente sismo en Venezuela y sus consecuencias.

En criterio de otro académico, Ben Dupré, del Exeter College de Oxford, deberíamos tener cuidado en no confundir la justicia con “la buena o mala suerte”, trayendo a colación que Bell y Haig pasan la noche juntos en el pub. Al cierre ambos se tambalean hasta sus coches para volver a casa. Bell llega sin causar ruido, como tantas veces antes, desplomándose en la cama y se despierta a la mañana siguiente con nada más que una leve resaca. Haig, igual de experimentado y hábil al volante, conduce tranquilamente hacia casa hasta que un joven se lanza repentinamente a la carretera delante de él. Sin tiempo para frenar, el hombre muere en el acto. Haig es metido en la celda despertando al día siguiente con resaca y la certeza de pasar años en prisión. El pasaje no deja de ser una manera de acotar en lo relativo al presunto vínculo entre la justicia y la buena o mala suerte. Y asimismo, pudiera demandar la conveniencia de que ley estatuyera a la suerte como atenuante de la responsabilidad de Haig.

En concordancia con lo anterior deberíamos tomar en cuenta en lo que respecta a los venezolanos, que unos cuantos nos preguntamos si nuestras dificultades pasan o no por la buena o mala suerte. Unas cuantas evidencias no dejan de inquietar, entre otras:

1. Para el profesor de la UCV Carlos A. Romero, hemos conocido recientemente tres transiciones, la primera entre la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez y el desarrollo de un modelo de democracia representativa, la segunda entre la llegada de Hugo Chávez a la presidencia y su posterior fallecimiento y la tercera desde la muerte de Chávez hasta la presidencia de Nicolás Maduro,

2. Lo han gobernado 47 presidentes durante casi 200 años, cuando los Estados Unidos, el cual ejerce hoy un protectorado, únicamente 45 hombres han ejercido en 47 presidencias y en Francia, con un sistema de gobierno semipresidencial y una democracia estable no se ha pasado de 25 Jefes de Estado, y

3. La República ha sido víctima de golpes de Estado en 1908, 1945, 1948, 1958, 1992, 2002, este último llamado “golpe breve” / Chavez es restituido en su cargo.

Actualmente, ha de agregarse, que Estados Unidos, tutela al país, resultado de la ya harto conocida intervención del Norte el pasado 3 de febrero.

El escenario, dilemático, para la IA “situación difícil dónde se debe elegir entre dos o más opciones, las cuales suelen tener consecuencias igualmente buenas, malas o complicadas”. No es de extrañar, por tanto, que en la calle menos pensada de Caracas se escuche ¿Buena suerte? ¡No hemos tenido! Y que alguien responda ¡No sé si buena suerte, pero si mala conducta!

Las acciones conductuales son, pues, como ha de entenderse, el conjunto de respuestas, físicas o verbales, que un individuo emite en respuesta a estímulos internos o externos, a los cuales se les llama, asimismo, comportamientos humanos individuales y colectivos y que han de ser legítimos, o sea, ajustados a las pautas de la justicia, tanto las encaminadas a la colectividad como a sus integrantes.

Muchos dirían que la característica distintiva de una sociedad civilizada es su capacidad para defender los derechos de sus ciudadanos: protegerlos del trato arbitrario y del daño por parte del Estado o de otros individuos, permitirles la plena expresión política y garantizar la libertad de expresión y de movimiento. Entonces, ¿qué sentido tiene que una sociedad así inflija daño deliberadamente a sus ciudadanos, los excluya del proceso político o les restrinja su libertad de movimiento y de expresión? Pues, esta es precisamente la prerrogativa que se arroga el Estado, cuando decide castigar a sus ciudadanos por infringir las normas que él mismo les ha impuesto. Se le denomina “La teoría del castigo”, universalmente conocida, aceptada y puesta en práctica, lo cual conduce a la justicia, pero en la medida de que haya sido redactada y aplicada con objetividad. Y cero subjetividad, lo cual no suele suceder cuando los preceptos se ponen en práctica en castigo a quienes integran la disidencia política. Muy propio de los países de America Latina.

La justicia, como se infiere de las consideraciones expuestas, no hay dudas de que es uno de los temas más complejos para las sociedades democráticas, las cuales llevan incita la necesidad de concretarla.

Las evidencias pasan por preguntarse entrado ya en algunos años el Siglo XXI:

¿Es la justicia una ilusión?

La respuesta debería pasar por nuestra decisión de hacer de la justicia una realidad. Y en el entendido, como acotado en ensayos anteriores:

¿Es a la humanidad a la cual incumbe responder o más bien a los gobiernos que la conducen?

¿La contestación? Determinante.

@LuisBGuerra


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