
Por: Luis Beltrán Guerra G. - 01/03/2026
La respuesta a la interrogante a que se refiere el titulo de este ensayo, ha de ser obvia si tomamos en cuenta algunos eventos no tan vetustos de nuestro acontecer histórico.
Un buen inicio para no tener que irnos tan lejos en las paginas de la historia, serían algunas consideraciones en lo relativo a Juan Vicente Gómez, quien gobernó como dictador absoluto, alargando el período de gobierno y reformando unas cuantas veces la constitución. Se narra, asimismo, que creó la Academia Militar y un Ejército Nacional, poniendo termino al sistema de huestes personales comandados por caudillos. Se escucha, también, que durante su larga estadía en el poder hizo una inmensa fortuna, por supuesto, ilícita, la cual fue confiscada mediante providencia del Congreso. Y que pasó en su totalidad al patrimonio nacional. El desastre, era, sin embargo tan grande, que unos cuantos no dudan en afirmar que a Gómez ha de reconocerse que disciplinó al país, lo cual revela la magnitud de la hecatombe.
Los venezolanos, pues, hemos intentado, no solo lo bueno, sino lo grandioso, pero lamentablemente, con muy contadas excepciones, nos hemos quedado en el intento, apreciación que evidencian unos cuantos y serios analisis. Las causas, al parecer, no superadas, por lo que no es desproporcionado preguntarse si serán siendo las mismas o que en cada ciclo aparecen otras, inclusive, contrapuestas a las anteriores.
La destacada historiadora Inés Quintero afirma que la edificación de una institución armada de carácter nacional, la estructuración de un Estado Nacional y la pacificación del país favorecieron la desaparición de las tendencias disgregadoras como factor propiciador de la beligerancia caudillista. Adiciona, por tanto, que los caudillos dejaron de ser el factor determinante del sistema político, el cual se constituye sobre otras bases y modalidades del poder propio del siglo XX. En nuestro criterio, “el caudillismo” prosigue, pero con un nuevo disfraz, como parecieran revelarlo las serias dicultades que Venezuela ha confrontado a efectos de estatuirse como “república”. Y mucho más democrática. Negar, por ejemplo, que Hugo Chavez no fue un caudillo y que entusiasmó mucho, es difícil sostenerlo. El mexicano Enrique Krauze, en efecto, afirma que “los caudillos modernos” son populistas que llegan al poder por vías democráticas. Pero hacen un daño severo, a veces definitivo, a las costumbres, instituciones, leyes y libertades propias de la democracia, a la que deben su ascenso (La vuelta del caudillo, 2018).
La respuesta a la interrogante incita en el título del ensayo, es sin dudas de que la historia de Venezuela está impregnada de una diversidad de escenarios, pero, aparentemente, subsumidos en uno solo que con cada episodio se agiganta. En un intento de señalarlos, tal vez, uno de los más determinantes haya sido “la destrucción de la democracia establecida en l961”, la cual permitió la elección democrática de 10 presidentes y solidos estadios de progreso y bienestar. Sus disposiciones fundamentales más que precisas: 1. La República de Venezuela es para siempre y de manera irrevocable libre e independiente de toda dominación o protección de potencia extranjera, 2. Es un Estado Federal, en los términos consagrados por esta Constitución, 3. El gobierno es y será siempre democrático, representativo, responsable y alternativo, 4. La Soberanía reside en el pueblo, quien la ejerce, mediante el sufragio, por los órganos del Poder Público, 5. La bandera nacional, con los colores amarillo, azul y rojo; el himno nacional «Gloria al bravo pueblo», y el escudo de armas de la República son los símbolos de la patria y 6. El idioma oficial es el castellano. El escenario inmediato, consecuencia, de un “golpe de estado”, el cual alegró a unos cuantos (disfrazados de demócratas), propio del anarquismo, pero de una negatividad todavía presente y desde el 6 de diciembre de 1998, o sea, por casi 4 décadas.
No puede dejar de mencionarse el evento que ironizando, pudiera calificarse como en la lengua a través de la cual hoy se gobierna, “a minimal scenario”, pero, en realidad uno de los mas determinantes de nuestro acontecer histórico, acaecido entre los últimos 3 meses del 2025 y pocos días del 26 y que condujo al regimen de “corresponsabilidad, tutela o protectorado,” establecido por los Estados Unidos en lo relacionado con Caracas. Tan particular y hasta en cierta medida inimaginable que la jefatura de estado hoy la ejerza la dinámica vicepresidenta del regimen tutelado. Es como para expresar que Venezuela vive hoy uno de los escenarios más determinantes, por lo menos, en el contexto de su más reciente historia. Y el presente y en parte el futuro a cargo del tutor.
Una de las faenas que se ha planteado en aras de la que la democracia no se convierta en una fuente para “una apetecible dineralada”, vocación que no nos es tan ajena, ha comenzado con un tenue control de las finanzas de los partidos políticos, particularmente, en lo tocante al financiamiento de las campañas electorales. La utilización de las posiciones políticas para hacer fortuna, en lo que respecta a la penalidad de esa conducta, hemos de reconocer, que deja bastante que desear, concluyéndose en que una especie de telaraña adecuadamente bien compartida ha existido y prosigue potenciando patrimonios de quienes logran insertarse en actividades políticas. El hábito no excluye a los donantes, quienes en la mayoría de las hipótesis abultan sus patrimonios, mediante la metodología de haberse hecho una inversión. En la Venezuela de hoy las sumas que se le asignan a altos, medianos y hasta a pequeños funcionarios, si se repasare la historia concluiríamos que jamás se habían visto. A quien estas líneas escribe le ha costado y así proseguimos concordar, no tanto, con el hecho, pero si en lo concerniente a las sumas. Lo determinante, en aras de la franqueza, es que todo sistema político envuelto en tan dañina práctica, tarde o temprano implosionaría. Y que así ha sucedido en un numero determinantes de países en America Latina.
El grupo IDEA ha liderado alternativas encaminadas a que la política sea ejercida con pulcritud. Evidencia de ello es la transcripción de uno de sus planteamientos conforme al cual el dinero es un componente necesario de cualquier democracia: permite la participación y representación política. Sin embargo, si no se regula eficazmente, puede socavar la integridad de los procesos e instituciones políticos y poner en peligro la calidad de la democracia. Las regulaciones relacionadas con el financiamiento de partidos políticos y campañas electorales (comúnmente conocido como financiamiento político) y el lobby son fundamentales para promover la integridad, la transparencia y la rendición de cuentas en cualquier democracia. En suma, para IDEA, nuestra época demanda un reacercamiento de la acción política a la ética, o sea, una nueva convergencia entre ética y política.
Se estima la pertinencia de recordar que en “el Congreso Democratico de l958”, el diputado Jovito Villalba, destacado político y profesor de derecho constitucional, propuso el establecimiento en la Carta Maga de una prohibición absoluta en lo tocante a la reelección presidencial, no habiéndose logrado. En su lugar se estatuyó una inhabilitación de 10 años, como se escucha, la tesis de Rafael Caldera, alternativa para que Carlos Andrés Pérez fuese elegido Primer Magistrado el 4 de diciembre 1988, por segunda vez, sustituyéndosele el 21 de mayo de 1993. El destacado analista político Carlos Alberto Montaner dejó escrito que la reelección obstruye el reemplazo generacional, la competencia entre líderes y la circulación de las élites, refuerza el caudillismo en detrimento de las instituciones, fomenta un tipo de nociva relación mercantilista entre el poder económico y el político. Entre otras, consecuencias negativas para una democracia, obstruye el reemplazo generacional, la competencia entre líderes y la circulación de las élites, refuerza el caudillismo en detrimento de las instituciones. Y adiciona, cuando se prolonga el mandato, el caudillo se va rodeando de cortesanos que lo halagan y confunden en busca de privilegios fomentando un tipo de nociva relación mercantilista entre el poder económico y el político. Se retroalimentan y facilita la corrupción y nutre el denominado “Efecto Eistellung, la obstinada tendencia del cerebro humano a aferrarse a soluciones que ya ha experimentado como buenas, impidiendo la percepción de otras mejores. A mi juicio, concluye el académico, la fórmula mexicana es la más indicada. Seis años y adiós.
Este largo ensayo ha perseguido precisar algunas de las características tipificadoras del escenario venezolano, preguntándonos si ha sido uno solo o más de uno. La respuesta, lógicamente, ha de inclinarse no solamente porque son más de uno, pero con la advertencia de que nuestro analisis ha abarcado solo a algunos de ellos. Esto es, que hay muchos más, para cuya identificación necesitaríamos un tratado y con varios tomos.
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