USA y UNA NUEVA INSTITUCIONALIDAD INTERNACIONAL

USA y UNA NUEVA INSTITUCIONALIDAD INTERNACIONAL

La verdad es que no es un tema menor: este entramado internacional es una poderosa alternativa global al liderazgo de USA, que sigue siendo el único país con la capacidad de abordarlo, y por la mejor de las razones: sus propios intereses nacionales. En otras palabras, no hay otro país con la capacidad de impulsar el desarrollo de instituciones políticas y económicas globales, pero adaptadas a la realidad del siglo XXI, con menores sesgos y sin una burocracia que se ha auto otorgado una función reñida con la democracia, y con una estructura global basada en Estados nacionales desde hace siglos. Lo anterior, sea quien sea el electo en las próximas elecciones presidenciales, y si el Congreso tiene mayoría demócrata o republicana. Es además una posibilidad para que Estados Unidos recupere algo perdido: una política exterior bipartidista. Es también una oportunidad para mejorar las relaciones con sus rivales en lo militar (Rusia) y en lo económico (China, también crecientemente en lo tecnológico), quienes probablemente apoyarán algo así. Es un tema altamente relevante, con la capacidad de marcar no solo la política de USA, sino sobre todo las características del mundo globalizado que corresponde a la época histórica que nos ha tocado vivir.

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USA y UNA NUEVA INSTITUCIONALIDAD INTERNACIONAL

Ricardo Israel

A no ser que el país esté directamente involucrado en un conflicto bélico, es habitual que los temas mundiales figuren poco en las campañas presidenciales de USA. Y no solo América Latina, que principalmente aparece como región en los habituales de drogas o inmigración ilegal.

Un ejemplo lo estamos viendo en estos días. Y la verdad es que hay un tema muy grande que ha pasado tan desapercibo como el traje del emperador. Existe la anomalía que los actuales organismos internacionales fueron creados en otra era, alrededor de la segunda guerra mundial y la guerra fría. Incluye la propia ONU, los económicos (FMI, BM), los regionales (OEA, UE, ) y un largo etcétera. La primera consecuencia ha sido su creciente irrelevancia en un mundo muy distinto, el de la globalización.

Organismos que estuvieron muy contenidos cuando predominaba el enfrentamiento con la URSS, y junto con su desaparición, el mundo ha sido testigo del surgimiento de una burocracia costosa e ineficiente al interior de estas instituciones, que en general no rinde cuentas a sus mandantes, y con instituciones totalmente sesgadas como parece serlo la de los Derechos Humanos. Lo peor es que buscan imponer una visión única de como debiera organizarse el mundo y bajo que valores. Muchas veces se utiliza como atajo al llamado “soft law” para saltarse al propio derecho internacional, y aunque no se firmen las propuestas bajo la forma de un Tratado, igualmente  se busca obligar a los Estados, usando hasta fallos puntuales de Cortes internacionales.

Poco después de la caída del Muro de Berlín, Fukuyama resucitó en forma equivocada la noción hegeliana del Fin de la Historia. La verdad es que la política siempre ha sido selección (o mezcla) de alternativas, ya sea en lo ideológico (libertad, igualdad o ética como principio directriz) o en el apoyo/rechazo a quien manda.

De ahí que no deba sorprender el éxito electoral de quienes postulan poner a sus países primeros. Trump es el ejemplo más conocido, pero es un fenómeno que abunda en muchos países (ej. Rusia, Hungría, Polonia, Brasil, Filipinas, otros), algunos con anterioridad en el tiempo.

La verdad es que no es un tema menor: este entramado internacional es una poderosa alternativa global al liderazgo de USA, que sigue siendo el único país con la capacidad de abordarlo, y por la mejor de las razones: sus propios intereses nacionales.

En otras palabras, no hay otro país con la capacidad de impulsar el desarrollo de instituciones políticas y económicas globales, pero adaptadas a la realidad del siglo XXI, con menores sesgos y sin una burocracia que se ha auto otorgado una función reñida con la democracia, y con una estructura global basada en Estados nacionales desde hace siglos, desde la Paz de Westfalia.

Lo anterior, sea quien sea el electo en las próximas elecciones presidenciales, y si el Congreso tiene mayoría demócrata o republicana. Es además una posibilidad para que Estados Unidos recupere algo perdido: una política exterior bipartidista.

Es también una oportunidad para mejorar las relaciones con sus rivales en lo militar (Rusia) y en lo económico (China, también crecientemente en lo tecnológico), quienes probablemente apoyarán algo así.

Es un tema altamente relevante, con la capacidad de marcar no solo la política de USA, sino sobre todo las características del mundo globalizado que corresponde a la época histórica que nos ha tocado vivir.

Por último, hay que añadir algo que va más allá de su poder real, y que tiene que ver con su propia historia, ya que la actual arquitectura que rige las instituciones internacionales fue una creación de USA, formalizada por la sede de la ONU en Nueva York. Mas aún, con anterioridad, aunque fracasada, la experiencia previa también fue su creación como fue el caso de la extinta Liga de las Naciones de Wilson.

La actual estructura ya ha cumplido su función histórica, y hoy crea más   problemas de los que resuelve, con el agregado que en vez de proporcionar estabilidad la socava, tanto en lo político como en lo económico y la historia enseña que ello conduce inevitablemente a conflictos.

Y quizás haya un Premio Nobel de la Paz como recompensa para quien encabece la tarea.

“Las opiniones aqui publicadas son responsabilidad absoluta de su autor”

Ricardo Israel Zipper. Abogado. Master en Ciencia Política y Doctor (Ph.D.) en Government, Licenciado en Derecho. Diplomado en Survey Design and Analysis del European Consortium for Political Research . Diplomado en Planificación. Ex Candidato Presidencial. Autor de diversos libros y ensayos. Recibió el “Centennial Award” de la Arizona State University, Director Jurídico, Fundador y primer Director del Instituto Chileno de Estudios Municipales. Profesor Titular de la Universidad de Chile y de la Universidad Autónoma. Docencia de pre y posgrado en Derecho Constitucional, Derecho Político, Derecho Internacional Público, Ciencia Política, Relaciones Internacionales, Educación. Columnista y comentarista de medios de comunicación.

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