Las perspectivas de una transición democrática en Venezuela

Luis Fleischman

Por: Luis Fleischman - 22/01/2026


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El 7 de enero, el secretario de Estado Marco Rubio describió un plan de tres fases para Venezuela.

La primera fase se centra en el petróleo. Debido a las sanciones, gran parte de la producción petrolera venezolana está prácticamente congelada. Bajo este plan, las empresas estadounidenses ayudarían a rehabilitar la producción petrolera y facilitarían las ventas, mientras que las ganancias se gestionarían de forma que beneficien a la población venezolana en lugar de alimentar la corrupción o sostener al régimen.

La segunda fase se describe como "recuperación". Las empresas petroleras estadounidenses, occidentales y de otros países tendrían acceso equitativo al mercado petrolero venezolano. Se liberaría a los presos políticos y se permitiría el regreso de los opositores exiliados, con el objetivo de iniciar la reconstrucción de la sociedad civil venezolana.

La tercera fase implicaría una transición tras un régimen autoritario. Esta última etapa es, con mucho, la más desafiante.

Otras transiciones democráticas

Es útil examinar dos casos exitosos de transiciones tras un régimen autoritario. En España, figuras vinculadas al régimen franquista, en particular el presidente del gobierno Adolfo Suárez y el rey Juan Carlos, desempeñaron un papel central y constructivo en la facilitación de la transición. En Portugal, se produjo una transición pacífica cuando oficiales militares de rango medio y bajo se rebelaron contra la dictadura, lo que permitió un derrocamiento, en gran medida no violento, del antiguo régimen.

Las transiciones en América Latina suelen seguir un modelo negociado, en el que los gobernantes autoritarios salientes conservan una influencia significativa sobre los términos de la transición. En Chile, por ejemplo, Augusto Pinochet mantuvo su popularidad entre sectores clave de la sociedad. Si bien la oposición logró asegurar una transición, tuvo que operar dentro de un marco constitucional diseñado por el antiguo régimen. Pinochet obtuvo un escaño vitalicio en el Senado, se mantuvo como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y aseguró el nombramiento de nueve senadores no electos.

En Brasil, la transición a la democracia duró casi 10 años, comenzando a principios de la década de 1980. Las divisiones dentro del principal partido de la oposición debilitaron su capacidad para desafiar al régimen, lo que permitió al gobierno militar explotar estas fracturas. El régimen impuso elecciones presidenciales indirectas en 1985 e incorporó mecanismos favorables a los militares dentro del colegio electoral, incluyendo senadores designados. Un enfoque que, en gran medida, logró proteger los intereses de la élite. Con la movilización de la sociedad civil, se redactó una nueva constitución en 1988 y, en 1989, se llevó a cabo la primera elección presidencial directa.

En cambio, en Argentina, el antiguo régimen colapsó rápidamente, y los militares cedieron el poder a una coalición multipartidista que negoció la transición.

¿Qué pasa con Venezuela?

En Venezuela, las perspectivas de una transición negociada siguen siendo inciertas, mientras que la posibilidad de un colapso del régimen no parece inminente.

Grupos paramilitares vinculados al régimen participan en agresivos esfuerzos para mantener el control. Estos colectivos, originalmente formados como organizaciones comunitarias de base por el régimen de Chávez, se han convertido en grupos armados encargados de defender el régimen. Según algunos informes, las FARC, un grupo terrorista marxista colombiano, les proporciona entrenamiento, armas y apoyo táctico.

Aunque algunos presos políticos fueron liberados, la represión gubernamental continúa. Las fuerzas de seguridad interrogan a ciudadanos, confiscan teléfonos celulares para verificar si hay expresiones de apoyo a la salida de Maduro y realizan arrestos. Más de una docena de periodistas y otros civiles han sido detenidos.

Venezuela cuenta con una coalición multipartidista capaz, al menos en principio, de negociar una transición o asumir el poder. Las elecciones primarias de julio de 2024 dieron una victoria aplastante a María Corina Machado, consolidando su liderazgo en la oposición, aunque Maduro posteriormente vetó su candidatura. En su lugar, Edmundo González Urrutia obtuvo la mayoría de los votos en las elecciones generales contra el entonces presidente Nicolás Maduro. El régimen respondió con fraude y negando rotundamente la legitimidad de la oposición, a diferencia de la mayoría de los casos comparativos analizados anteriormente.

Delcy Rodríguez, vicepresidenta desde 2018, es ahora la presidenta interina. Al igual que su hermano Jorge Rodríguez, el ministro del Interior, Diosdado Cabello, y el ministro de Defensa, Vladimir Padrino, forma parte de la red criminal que ha gobernado Venezuela durante más de un cuarto de siglo. Con la ayuda de Cuba, esta red mantiene el control sobre el ejército. La estrategia del régimen parece ser de desgaste: enfrentarse a las protestas y a las fuerzas de oposición hasta que se instale la fatiga y la desesperanza, siguiendo el modelo cubano. A pesar de las afirmaciones de Delcy Rodríguez de que cooperará con la administración Trump y de la liberación de un puñado de presos políticos, no está claro que esté dispuesta a negociar de buena fe.

En resumen, los desafíos para una transición en Venezuela, tal como se estipula en el plan del secretario Rubio, son profundos y podrían requerir mayores presiones estadounidenses sobre el régimen.

Publicado en jstribune.com jueves 22 de enero de 2026



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