
Por: Beatrice E. Rangel - 19/08/2026
Ian Bremmer, presidente del Grupo Eurasia, empresa líder mundial en gestión de riesgos, acuñó el término Cero G para definir una condición geopolítica mundial en la que predomina el caos. La condición Cero G describe un mundo en el cual ningún país ni grupo de países está dispuesto a asumir el liderazgo de la sociedad internacional o de un tema específico. Cero G se caracteriza, por tanto, por una aguda y generalizada inestabilidad geopolítica, la impunidad internacional y la adopción, por parte de las naciones, de políticas de corte transaccional, completamente distanciadas de las reglas internacionales, en las que el triunfo de una nación se produce a expensas de otra.
Se producen así vacíos de poder en el ámbito internacional, ya que ninguna superpotencia asume la responsabilidad de gestionar los bienes públicos globales, resolver crisis transnacionales o hacer cumplir los acuerdos internacionales. Acto seguido se impone el reino de la impunidad, porque tanto las grandes potencias como los actores corruptos ven desaparecer los controles sobre su conducta. Esto conduce a una creciente ausencia de control sobre los conflictos, como hemos presenciado con la invasión rusa de Ucrania. También se amplía, casi sin límites, la capacidad de las grandes potencias para influir en la conducta de actores internacionales medianos o pequeños, sentando las bases para la consolidación de Estados vasallos.
La diplomacia deja de ser un ejercicio de armonización de intereses entre las naciones para convertirse en un mecanismo de extracción de ventajas puntuales. Se relegan los compromisos internacionales de largo plazo, se menosprecia la dimensión multilateral y se impone un bilateralismo de corto alcance, restringido a intereses casi coyunturales.
En este mundo será difícil crear políticas universales para el despliegue tecnológico que permitan la incorporación temprana de las naciones de menores ingresos a las plataformas que rigen las telecomunicaciones. Un ejemplo de este tipo de políticas fue el trabajo realizado por la Unión Internacional de Telecomunicaciones en materia de comunicaciones satelitales. Gracias a la creación de un marco universal para estas tecnologías, las naciones del mundo pudieron ampliar su acceso a comunicaciones más eficientes, efectivas y de menor costo. Tampoco será fácil crear un espacio dentro del sistema monetario internacional para las criptomonedas o para la tokenización de activos en general.
En cierto modo, la condición Cero G nos recuerda a la Edad Media, cuando, tras la caída del Imperio Romano de Occidente, desapareció la autoridad central y las tribus germánicas invadieron y ocuparon antiguos territorios romanos. Siguió un colapso económico al romperse las grandes redes comerciales. El trueque ganó terreno frente a la moneda como medio de intercambio. Las ciudades perdieron población, que se trasladó al campo huyendo de epidemias, ataques e inseguridad.
Los conocimientos acumulados y preservados en universidades y monasterios contribuyeron, siglos después, a erosionar los pilares del orden medieval al sistematizarse durante el Renacimiento y difundirse ampliamente con la Ilustración. En síntesis, una profunda revolución del conocimiento y la tecnología terminó por transformar las bases fundacionales de la Edad Media. Quizás la ingente revolución de la inteligencia artificial contribuya también a poner fin a la condición Cero G.
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