
Por: Dagoberto Valdés Hernández - 09/03/2026
Columnista invitado.Los cubanos estamos viviendo un trance en que se mezclan la miseria, la incertidumbre y la esperanza. El resultado es una angustia agónica que nos conduce a pedir que ya pase lo que tenga que pasar, sin detenernos a pensar que no todo vale, que no todas las salidas son buenas para nosotros los cubanos ni para los países de la región.
La incertidumbre aumenta para todos cuando no estamos participando del camino ni de la elección de los protagonistas, ni de los métodos y estrategias que otros parece que preparan para Cuba. Ya pasó en 1898 en que los mambises, cubanos que lucharon durante décadas por la libertad de Cuba, no pudieron participar de aquella forma de alcanzar la libertad. Eso no debe repetirse. No es ético, no es lógico. No es político, en su recto sentido. Los cubanos debemos tomar parte de todo proceso que nos lleve a la verdadera libertad que es la que debe estar indisolublemente unida a la responsabilidad, a la participación en todo cambio, proceso o transición, que afecte la vida y el destino de nuestro pueblo.
En efecto, los cubanos debemos ser parte, tomar parte y sentirnos parte, de todas las más importantes decisiones y cambios que tengan que ver con el futuro de la nación. La preocupación surge de comprobar que tanto dentro de Cuba, por parte del régimen, como desde fuera, por parte de actores internacionales, se están tomando decisiones en las alturas que, una vez más, desconocemos. No podemos escoger la mejor opción para nosotros los cubanos de dentro y de fuera, y nos mantienen, como pichón en nido, con la boca abierta y el alma en zozobra, esperando, suponiendo, hasta adivinando, qué pasará y qué harán con nosotros.
En esa expectación, al tanto de todo tipo de titulares de redes, unos más objetivos, otros sensacionalistas, todos pendientes de las “declaraciones” que vienen de lo alto. Un país agonizando y hundido en una crisis total no debe estar paralizado, postrado y dependiente de que unos pocos en lo alto de cualquier latitud o en las alturas de La Habana, decidan lo que cada cual hace según sus propias estrategias. Incluso, cuando el fin sea bueno y anhelado, no todos los medios y estrategias pueden ser buenos, aún más cuando los cubanos de a pie no contamos nada en esas decisiones.
Por último, quisiera expresar mi opinión acerca de algunos binomios que regresan recurrentemente en nuestra historia y en nuestras cabezas: ¿estabilización o democracia? ¿Evitar las avalanchas migratorias o libertad para las naciones? ¿Cambios económicos o políticos?
Considero que no es ético, es decir, no es justo, ni humano, que se estuviera decidiendo el futuro de todo un pueblo solo teniendo en cuenta alcanzar los primeros términos: estabilidad, evitar oleadas migratorias y solo reformas económicas.
Esto sería, venga de donde venga, un golpe gravísimo a la dignidad, a la libertad y a la vida y muerte de tantos cubanos que han entregado toda su existencia a la libertad, la democracia y el progreso de Cuba.
Propuestas
1. A la deseada estabilidad interna y a la buscada estabilidad del hemisferio occidental deben estar inseparablemente unidas: la libertad interna de todos los cubanos y la democratización efectiva y limpia de todas las naciones del continente. Estabilidad sin democracia es un fraude. Y, para colmo sin ellas dos no habrá nunca estabilidad duradera. Solo la democracia conserva la estabilidad.
2. Alcanzar migraciones normales y ordenadas no es posible solo con reformas económicas, los pueblos no son animales de corral que se mantienen tranquilos dándoles solo alimentos. Ordenar los procesos migratorios solo es posible cuando al interior de los países se logra la libertad, la democracia y el progreso estable y duradero.
3. Por fin, digámoslo una vez más, las reformas económicas sin libertad, con presos políticos y sin democracia no garantizan ni la estabilidad interna, ni la estabilidad regional. Lo demuestran las experiencias de países muy conocidos como China, Rusia e Irán.
El fin no justifica los medios, y tanto los medios como los fines que se quieren alcanzar deben ser éticamente aceptables, y responder fielmente a los mas legítimos anhelos del pueblo cubano:
1. Verdadera libertad con la responsabilidad.
2. Verdadera democracia con participación ciudadana en todos los procesos de cambio.
3. Verdadera prosperidad y desarrollo con libertad y justicia.
En resumen: Cambios económicos, libertad política, responsabilidad cívica, democracia y desarrollo económico son procesos dependientes entre sí, y complementarios, que solo conducirá una estabilidad nacional e internacional cuando los concibamos, planeemos y ejecutamos como procesos sinérgicos y holísticos.
Cuba lo merece.
«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor».