
Por: Luis Beltrán Guerra G. - 05/04/2026
En un interesante analisis de la Universidad de Salamanca se plantea que la evolución de la inteligencia artificial constituye uno de los temas más fascinantes y debatidos en la actualidad, convirtiéndose en una útil herramienta de nuestras vidas. La propuesta, dirigida a demostrar la posibilidad de que a través de una máquina se resolverían problemas, en principio, de la incumbencia exclusiva del ser humano. Finalmente, una alternativa para que la humanidad edifique un futuro más justo, inclusivo y sostenible.
Es en ese contexto que convendría procurar la ayuda de la conveniente metodología, en aras de comprender el “Acuerdo Washington y Caracas” del 3 de enero del año en curso y al cual se contrae este ensayo. Pero insistiendo con respecto a la posibilidad de determinar, Dios quiera, en qué medida la referida alianza nos conduciría por el buen camino. Esto es, que la IA coadyuve a una razonable cooperación en procura de esperados niveles de unión y prosperidad, un viejo anhelo, para cuya plasmación “esa, la buena amiga” nos aleje de “la inapetencia, el fastidio, el desabastecimiento, la falta de honestidad, la picardía y la carencia de amor a la Patria”. Unas cuantas lecciones prácticas se requieren a fin de superar episodios con los cuales erróneamente hemos convivido y desde numerosas décadas, en aras de lo cual asumamos que a la realidad hay que comprenderla, sacándole el mejor provecho. Es recomendable, inclusive, pedírselo a Dios en esta Semana Santa.
A nuestro juicio no pareciera existir una manera distinta para concebir el “Acuerdo Washington Caracas”, sin dejar, por supuesto, de lado la legitima posibilidad de demandar su racional observancia y hasta de objetar cuando a ella se desconozca. Lo que si no pareciera pensable es entenderlo como “un coloniaje” por parte de EEUU, país que con todas sus posibles equivocaciones, no puede negarse que ha jugado un eficiente papel como garante de la paz de la humanidad.
Asumamos, en consecuencia, por no visualizarse opciones distintas, que el regimen político que a partir del 3 de enero conduce, en comandita, los destinos de Venezuela es una realidad y que a ella deberíamos sacarle el mejor provecho, en favor de la maximización del bienestar de los venezolanos. Convengamos que en lo que corresponde al gobierno de los Estados Unidos la tarea es menos complicada, dado su desarrollo, razón más que precisa para que nosotros no nos subsumamos en la teorización. Que se le califique en la atmosfera de la tipificación jurídica, como un “contrato de adhesión”, por parecernos más potable que “un cogobierno”, tendría tal vez una significación académica, por constituir un capitulo mas en el contexto de la teoría de la soberanía, virtud esta ultima que incumbirá defender al gobierno de Venezuela, tarea en la que ha de tomar en cuenta que para algunas enciclopedias es un atributo del poder. O sea, la soberanía popular, pero, a fin de ser objetivos, sin olvidar que este está sometido a determinadas restricciones. Muy específicamente cuando de el se abusa, supuesto en el cual Washington ha tipificado las últimas décadas en Venezuela.
Las circunstancias, entre otras, como leemos, parecieran recomendar la oportunidad que nos brinda la relación con Estados Unidos, mediante una agenda de corresponsabilidad que abarca la negociación política, la gestión migratoria y la seguridad en la región, a saber 1. El Gigante del Norte busca dirigir la transición venezolana para asegurar estabilidad y evitar el regreso del chavismo tradicional, 2. Utilizará la presión económica y política sin una ocupación militar directa y masiva, 3. El restablecimiento de las relaciones diplomáticas y consulares, 4. La firma de acuerdos energéticos dirigidos al aumento de exportaciones de crudo venezolano con inversión estadounidense y 5. Un gobierno interino presidido por Delcy Rodríguez para que en una adecuada coordinación con la administración de USA, se propenda a la puesta en práctica de las políticas acordadas. Algunos estudiosos califican el acuerdo con racionalidad como un "gobierno por procuración" o tutelado. A la IA como que pareciera oportuno, entonces, ponerle atención. Por lo menos, en lo que a ella se atribuye.
Las consideraciones formuladas parecieran, pues, reflejar que “el acuerdo de adhesión” entre EEUU y Venezuela” es un “hecho”, para algunas enciclopedias: 1. “Suceso o acontecimiento ocurrido al margen de la voluntad de las personas”, 2. Respuesta afirmativa para conceder o aceptar lo que se pide o propone y 3. Presunción de hecho y de derecho. En nuestro criterio, es un procedimiento a adelantar con fines concretos, ante el cual dado el poder de la Nación que lo estatuye y la legitimidad que le asiste, configura un estado de necesidad, pero que en el entorno que lo evidencia, o sea, tanto en lo que corresponde al sujeto activo como al pasivo, o sea, EEUU y Venezuela, no es desaconsejable en la realidad que se admita su calificación como acto de buena fe. Y que así se le acate.
En aras de una mejor comprensión, corramos el riesgo de que nos endilguen el galardón de “copio neto”, permitiéndonos acudir una vez más a la Inteligencia artificial en lo referente al carácter del convenio en la cual leemos:
1.Un acuerdo tácito es un pacto no expresado formalmente (ni por escrito ni oralmente),
2. Es aquel que se deduce de la conducta, acciones o inacción (silencio) de las partes, y
3. Se fundamenta en la aceptación implícita en el cual el comportamiento demuestra la intención de obligarse, teniendo validez jurídica si el consentimiento es voluntario y se hace del conocimiento de los interesados.
No puede dejar de acotarse que, legítimas o no, en las últimas décadas del gobierno venezolano, se generó un ambiente suigeneris, alimentado por conductas generadoras de un escenario anárquico, cuya fuente, acudiendo a las menos cuestionables, fue una consuetudinaria bandera de la oferta populista de un presunto estado de bienestar a favor de las clases populares, en una especie de permuta con el sufragio. Analistas de prestigio a referirse al anarquismo y a sus terribles consecuencias manifiestan que no ha de pasar inadvertido que es susceptible de renacer, en una forma u otra, cuando la opresión o la desigualdad sean difícilmente soportables, pero su fatal destino le llevará a tener que morir, tan pronto haya nacido, víctima de su propia incoherencia. Que este deseo logre concretarse ha de ser nuestra petición.
Venezuela, para ese momento, con una democracia en agotamiento por la desintegración de los partidos políticos que posibilitaron una real democracia por décadas, la cual por no retroalimentarse llenándose vacíos de abandono de importantes segmentos populares, caracterizadas, como admitido, por crecer en necesidades, pero no en la manera para satisfacerlas. Es en este contexto que pareciera oportuno aprovechar el paréntesis para meditar y prepararnos más eficientemente a fin de atender con éxito tan lamentable problemática. Paciencia pareciera la pauta, pero sin olvidar lo bueno para rescatarlo diciéndole adiós a lo nugatorio.
Una pregunta que nos hacemos para terminar ¿Estará Venezuela en una encrcijada? Interrogante para la lingüística con más de una respuesta, por lo que con el respeto debido recomendaríamos aquella que hace referencia al “lugar en donde se cruzan dos o más calles o caminos”.
Ello no significa, ha de expresarse, que sin perjuicio de lo maltratado no perdamos la fe en las bondades del presente y el futuro y que, ademas, recordemos que hemos morado en más de una encrucijada. Empeñemos es salir airoso de esta y juremos no caer más en otra.
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