La doble traición a la República

El desmontaje y la traición a esta República, puestos en marcha a partir del 2007, han traído como resultado la violación sistemática de estas sagradas promesas de la proclama revolucionaria, que hoy cobra una renovada actualidad

La doble traición a la República

La nueva revolución azul y blanco, reprimida a sangre y fuego no tiene que buscar nuevas promesas ni principios, están escritos en piedra

 

La represión institucionalizada, acompañada de la flagrante violación a los derechos humanos que estamos padeciendo, me trae a la memoria otras épocas y solemnes promesas que fueron violentadas con el paso del tiempo por los mismos gobernantes, en que yo llamaría la doble traición a la República.

Nicaragua ha tenido dos intentos fallidos de “volver a ser república”. En ambos la proclama ha sido idéntica e igualmente echada al cesto de la basura de la historia al paso de unos pocos años.

Leyendo la proclama de 1979 que ha sido destrozada por Ortega, vemos que lo prometido en aquella ocasión es idéntico a lo prometido en la República de 1990 que hoy ha terminado de ser demolida por el mismo dictador. Dos intentos fallidos, dos traiciones y muchos muertos para construir la República que hoy añoramos nuevamente.

Promesas de la proclama de 1979 de la Revolución Sandinista: instauración de un régimen de democracia, justicia y progreso social; separación de poderes; plena vigencia de los derechos humanos; libertades fundamentales: libre emisión, información y difusión del pensamiento, de culto y organización sindical, gremial y popular; derogación de leyes represivas que atentan contra la dignidad de las personas terminándose con los asesinatos, desapariciones, torturas, capturas ilegales y allanamientos de hogares; abolición de instituciones represivas como; Autonomía municipal; Ejército Nacional cuyos principios fundamentales serán la defensa del proceso democrático y de la soberanía e independencia; Policía Nacional sujeta a la protección de la ciudadanía.

“Atrás quedarán para siempre la corrupción y el crimen: la utilización del Estado como patrimonio de una familia, la instrumentalización del Ejército como guardia personal del tirano y la prostitución de las instituciones públicas”, rezaba la proclama del 79. Estas promesas de una República democrática como la que soñó mi padre, fueron cumplidas a partir de la revolución cívica de 1990, que dio al traste con la primera dictadura sandinista por medio de elecciones libres y observadas. Siguieron 16 años en que esas promesas fueron honradas y Nicaragua, brevemente, volvió a ser República.

El desmontaje y la traición a esta República, puestos en marcha a partir del 2007, han traído como resultado la violación sistemática de estas sagradas promesas de la proclama revolucionaria, que hoy cobra una renovada actualidad. No ha sido necesario imponer un estado de sitio y ley marcial para derogar todas las garantía individuales, ahora se ha implementado de facto, con un Estado encapuchado que trata de esconder inútilmente su verdadera identidad.

La nueva revolución azul y blanco, reprimida a sangre y fuego no tiene que buscar nuevas promesas ni principios, están escritos en piedra pero igualmente han sido demolidos sin piedad por dos dictaduras.

El autor es periodista, exministro y exdiputado.

Publicado por: laprensa, agosto 19, 2018

*Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor”