Bolivia: Empleados públicos ¿o esclavos?

Por Hernan Maldonado
Publicado el lunes 9 de abril, 2018

El calvario por el que acaba de pasar Marcela Rengel en la red ATB ha recordado a los bolivianos el atroz vía crucis por el que pasó José Maria Bakovic, por el “grave delito” de tener rodillas que no se doblan. Rengel puede rehacer su carrera, Bakovic ya no. Lo mataron.

Ambos casos son las más elocuentes pruebas de la tragedia que significa ser empleado público en Bolivia. Los mandamases se creen con el derecho de manosear a su antojo a quienes dependen del erario nacional para ganarse el pan de la vida. El problema no es de ahora, pero en la era de Evo Morales lo es más. Para miles no  hay horarios, ni domingos ni feriados. A veces ni vacación y menos sobresueldo por horas trabajadas más allá de las 8 de ley.

Rengel, por 31 años trabajó en la red televisiva que estaba en manos de la empresa privada y siguió después luego que, de manera encubierta, ATB pasó a ser un apéndice del régimen, como lo denunció el periodista Raúl Peñaranda. Bakovic fue presidente del Servicio Nacional de Caminos (SNC).

A la periodista, arbitrariamente, le anunciaron el miércoles que en un plazo de 3 días debería incorporarse a su nuevo destino, en la ciudad de Oruro. Ni a los militares se les conmina de esa manera cuando se les cambia de sede. Marcela entendió el mensaje y no le quedó otra alternativa que renunciar.

Solo a gentes perversas podía ocurrírseles que una profesional, madre de dos muchachos adolescentes, podría conseguir dónde vivir, trasladarse, acomodar en nuevos colegios o universidades a su retoños en plazo tan perentorio. Pero es que los mandamases de turno tienen siempre a flor de labios la amenaza expresa o tácita: Lo tomas o lo dejas. Más cruel aún: Si no aceptas, la puerta está abierta…

Con Bakovic fueron más crueles. Sabían que el SNC era una apetitosa fuente de corrupción y le hincaron el diente. Bakovic se hizo de renombre como funcionario de organismos internacionales. Tenía fama y dinero, pero pensó que debía trabajar por su país y aceptó el cargo que le ofrecieron.

Un testimonio imborrable es la entrevista que le hizo poco antes de su muerte la periodista Marianela Montenegro, sobre la labor que desempeño al frente del SNC. Para apoderarse del apetitoso botín lo acusaron de todo y por todo. Renunció. Le siguieron 70 demandas. Una de sus acusadoras, Betty Yañiquez, en premio fue nombrada en alto cargo en la fiscalía. Hoy es diputada y está en la comisión que “investigará”  si hubo en Bolivia casos de corrupción, como secuela del encarcelamiento de Lula da Silva en Brasil. …El ratón cuidando el queso.

Bakovic reveló a Montenegro, por ejemplo, que antes de su renuncia estaba en un 65% concluida la carretera Potosí-Tarija y completamente financiada. Cuando salió, anularon el contrato, pagaron $20 millones de indemnización al contratista y firmaron un nuevo convenido con una empresa brasileña que cobró $100 millones más.

Los fiscales persiguieron con saña inusitada a Bakovic. No atendieron ni los pedidos de sus abogados para que, por razones de salud, le excusaran de viajar a la altura de La Paz. El ensañamiento fue brutal. Un día que viajó desde Cochabamba para una citación judicial sufrió un ataque cardiaco. Ese día acabaron los juicios, pero se reabrirán, no duda cabe,  para llevar a la cárcel a todos los pillos que, según la entrevista con Montenegro, hicieron que obras licitadas en alrededor de $400 millones, subieran casi a $1.000 millones en el actual gobierno.

A Lula lo ha llevado a la cárcel el escándalo de la constructora Odebrecht, una de las empresas brasileñas pagadora de coímas en Latinoamérica. Pero ahora la investigación tiene que alcanzar a sus colegas de las empresas Andrade Galvao, OAS, Camargo Correa, etc. de fructuosos negocios en Bolivia. Amanecerá y veremos.

(*) Hernán Maldonado es periodista. Ex UPI, EFE, dpa, CNN, El Nuevo Herald. Por 43 años fue corresponsal de ANF de Bolivia.

*Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor*