Las elecciones venezolanas del 14 de Abril, 2013

Los próximos comicios venezolanos pudieran ser los últimos que se celebran en ese país con ciertos vestigios de pluralismo y algún respeto por las normas democráticas.

Por Carlos Alberto Montaner*

El Instituto Interamericano por la Democracia tiene como su prioridad más urgente defender la libertad y el Estado de derecho en América Latina. Ésa es la principal razón de ser de la institución. De ahí nuestra preocupación por las elecciones que se celebrarán el próximo 14 de Abril en Venezuela. Lo que está sucediendo es muy preocupante.

Los próximos comicios venezolanos pudieran ser los últimos que se celebran en ese país con ciertos vestigios de pluralismo y algún respeto por las normas democráticas. El evidente  ventajismo con que ha jugado el gobierno desacredita totalmente el proceso electoral. La legitimidad democrática implica, también, el respeto al oponente.

La cordialidad cívica no es un elemento extraño a los gobiernos democráticos: forma parte de su esencia. Los insultos personales –Maduro ha llegado a cuestionar la sexualidad de su oponente–, las amenazas directas, incluidas las del Ministro de Defensa, el uso y abuso de los medios de comunicación, la advertencia de que la oposición nunca ocupará el poder, como si la alternancia en el gobierno no fuera una deseada constante en los países democráticos, revelan una creciente mentalidad autoritaria que pueden desembocar en una dictadura de partido único como la que padecen los cubanos desde hace 54 años.

Ese triste desenlace es muy posible si Maduro gana las elecciones o impone su victoria por otros medios –algunos estadísticos insisten en que existe fraude electrónico. Al fin y al cabo, a fines de los años ochenta, Nicolás Maduro, entonces militante de un grupo marxista, fue a Cuba para formarse política e ideológicamente en la Escuela Superior Ñico López del Partido Comunista Cubano y allí obtuvo una sesgada visión del poder, de la sociedad, de la economía y de las relaciones internacionales.

Veinticinco años más tarde, sus profesores y mentores cubanos sugirieron o impusieron su candidatura. Maduro, que era “el hombre de los cubanos”, sería el heredero de Hugo Chávez. ¿Para qué? Para proteger los intereses de la Isla, incluidos los copiosos subsidios que recibe, y, por qué no, para repetir en Venezuela el modelo de gobierno implantado por los Castro. Si antes lo dotaron de una visión, ahora le asignan una misión.

Tal vez esta inmensa tragedia pueda evitarse si el 14 de Abril los demócratas venezolanos son capaces de salir a votar masivamente y sepultan ese proyecto autoritario bajo una montaña de votos. Es una tarea difícil, pero no imposible.

*Miembro del Consejo Consultivo y Director del IID