El Otro Virus Chino: Neocolonialismo y Desinformación

El Otro Virus Chino: Neocolonialismo y Desinformación

Las relaciones comerciales, culturales con la China comunista deben ser consideradas con mucha cautela, porque  tienen rasgos netamente depredadores.

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Todos, todos estamos sufriendo en estos meses de las desastrosas consecuencias de la pandemia china en nuestras vidas, en nuestros  hogares, en nuestras sociedades, en la economía mundial en medio de la zozobra de saber cómo será el mundo post corona virus,  en base a qué estructura político-social se regirá el mundo del mañana. ¿Qué ideología y qué potencia mundial regirá nuestros destinos?  Lo que sí es cierto es que nada será como era antes de la  pandemia. ¿Empeorarán nuestras instituciones democráticas, nuestras libertades, los derechos humanos? Un debate profundo acerca de los peligros está comenzando a aflorar en Europa y en los EE.UU.  El verdadero peligro, hoy en día,  es que si escuchamos suficientes mentiras, ya no reconocemos la verdad. Es por eso que el gran Jefferson reiteraba que  “el precio de la libertad es su eterna vigilancia”.

Actualmente estamos enfrentando al peligroso imperialismo comunista chino, que se desenmascaró aún más en su actuación frente a la pandemia, manipulando, engañando con informaciones falsas, lo que desató este desastre mundial en el que vivimos. El neocolonialismo  chino contó y cuenta con muchos tontos útiles en la prensa internacional, en organismos internacionales que le han facilitado su penetración en nuestras sociedades. Tenemos muchos ejemplos de cómo se maneja este sistema chino a nivel mundial, en busca de un dominio totalitario. La experta en temas de política china Liza Tobin, que analiza constantemente  las declaraciones de Xi y de altos funcionarios de su régimen, llega a la conclusión que China tiene un marcado anhelo de  hegemonía mundial, y que no se limita al marco geopolítico de la región del Pacífico sino que incluye a Europa, África y Latinoamérica.

Europa está siendo asediada  por el capital y las inversiones chinas, e Italia ha sido la primera víctima de  sus tentáculos  enmarcados en el ambicioso proyecto imperial de dominación mundial llamado “La Ruta de la Seda”, el proyecto clave de  Xi Jinping.  Tanto Alemania como Francia están finalmente tomando medidas de precaución ante la presencia dominante china y su comportamiento imperialista y totalitario y mentiroso. Ni hablar de la grave confrontación existente con los EE.UU. al respecto. Tengamos en América Latina bien en cuenta este comportamiento chino,  para vigilar atentamente  sus maniobras de seducción.

En cuanto a nuestro continente, los planes de dominación en la región no han cambiado en lo más mínimo pese a la pandemia del Covid-19; por el contrario, de acuerdo a especialistas en la materia  pueden muy bien incrementarse a corto plazo. La estrategia de Jinping para América Latina no se detiene pese a la pandemia. Con rápidos reflejos y buen olfato para aprovechar  las crisis, intentará acentuar la política llevada a cabo minuciosamente durante los últimos 15 años, con la ayuda  del ofrecimiento de dinero fácil para gobiernos y funcionarios  muchas veces corruptos.

Mientras tanto el mundo occidental, debilitado enormemente, justamente por la pandemia china,  no termina de reaccionar decididamente frente al peligro  en ciernes. Solamente el actual gobierno de los EE.UU. tiene el coraje de encarar decididamente al peligro geopolítico chino. Este enfrentamiento frontal de la administración de  Trump,  para frenar leste  imperialismo, conlleva evidentemente la posibilidad de un conflicto armado entre las dos superpotencias. De tal manera que el profesor Graham  Allison de la Universidad de Harvard ha traído a consideración la tesis de la “Trampa de Tucídides”, aplicándola a la situación actual de enfrentamiento chino–norteamericano. La historia antigua nos lleva a la guerra del Peloponeso (431-404 A.C.) en la que se enfrentaron una Atenas en pleno auge con una Esparta temerosa de perder su predominio.

Cualquier crítica bien fundada que se haga al peligroso imperialismo chino es descalificada por el totalitarismo de Beijing, venga donde venga, como lo son en estos días las declaraciones del escritor Mario Vargas Llosa, que osó publicar un artículo en la prensa internacional sosteniendo que “si China fuera una democracia la situación mundial de la pandemia sería bien diferente,  pero el gobierno chino en lugar de adoptar las medidas correspondientes, ocultó y silenció la noticia y a los científicos, como lo hacen todas las dictaduras.” Bastó esta crítica para que todos sus libros desaparecieran del mercado chino. Vargas Llosa era el autor más traducido en China.

La penetración económica en nuestro continente viene acompañada por la eficiente penetración cultural e ideológica de los llamados Institutos Confucio, diseminados por toda Latinoamérica. Los Institutos Confucio, supervisados por el Ministerio de Educación  Chino, son un Caballo de Troya, y un vehículo de la manipulación de la verdad y un instrumento de espionaje efectivo en el marco cultural, universitario y de infiltración en centros científicos en los diferentes países en los cuales se ha asentado. China está así exportando su aparato de censura orwelliana, sin que el ciudadano común pueda darse cuenta del real peligro.

Para fines del año 2019 funcionaban en el mundo unos 1500 Institutos Confucio, a menudo acoplados a  renombradas universidades.  A este hecho se suman los 800.000 estudiantes chinos matriculados en universidades extranjeras que muchas veces son “soldaditos – espías” del régimen chino, se infiltran en laboratorios de investigación científica para robar datos claves,  espían a sus compañeros, e incluso ayudan a  reclutar  científicos de alto rango para sus fines. Las actividades encubiertas chinas  han  logrado ya la “proeza” de haber suprimido más de  2.450 libros  y publicaciones críticas de editoriales académicas de la  Cambridge University Press,  de la Editorial Springer Nature, Alemania,  y de la Sturt University de Australia,  entre muchas otras.

Las relaciones comerciales, culturales con la China comunista deben ser consideradas con mucha cautela, porque  tienen rasgos netamente depredadores. Y cierro este texto con un pensamiento de Edmund Burke, el gran filósofo y político inglés del siglo XVIII: “Todo lo que se necesita para que las fuerzas del mal se apoderen del mundo es que haya un número suficiente de gente de  bien que no haga nada.”

 

José Antonio Friedl Zapata

Politólogo – Latinoamericanista – Periodista independiente

Autor de varios libros con temática latinoamericana

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