Bolivia no se rinde

Bolivia no se rinde

Bolivia podría perder en las urnas aquello que conquistó en las calles en octubre y noviembre de 2019. El único obstáculo que puede impedir ese retorno es la resistencia civil organizada.

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Luego de ser expulsado del gobierno por un alzamiento ciudadano, el Movimiento al Socialismo (MAS) podría volver al poder en las elecciones del 18 de octubre, ya sea a través de una victoria en las urnas (pese a representar un cuarto del electorado), mediante el control de la Asamblea Legislativa Plurinacional (sustitución del Parlamento) o por una asonada golpista ante resultados adversos. Bolivia podría perder en las urnas aquello que conquistó en las calles en octubre y noviembre de 2019. El único obstáculo que puede impedir ese retorno es la resistencia civil organizada.

Bolivia avanza hacia las urnas en un ambiente político crispado por tres agendas. Por un lado, el MAS tiene entre cejas el objetivo de retornar al poder a cualquier precio. Para ello despliega una estrategia local e internacional que combina la acción de gobiernos del castrochavismo, la estructura jurídico-institucional de la dictadura que todavía se mantiene en pie y la acción de huestes movilizadas que perpetran «golpes blandos», para medir fuerza, con el saldo impune de asesinatos, milicias armadas, control de territorio y narcotráfico. El masismo se prepara para volver al poder, por las urnas o por las armas.

La otra agenda es la de los «políticos», aquellos que fungieron de «opositores» a la dictadura, pero que de hecho le sirvieron de respaldo al legitimar todas sus atrocidades, incluida la última elección a la que asistieron (2019), violando, junto al MAS, la decisión del referendo del 21 de febrero de 2016 que resolvió rechazar una nueva repostulación de Evo Morales. Los ahora «candidatos» no sólo que se orientan a aceptar al MAS en las urnas, pese a haber cometido delitos por los cuales tendría que perder su personalidad jurídica, sino que se presentan desunidos, a sabiendas que ninguno por su cuenta puede garantizar una derrota efectiva del MAS, tanto en las calles como en las ánforas. Su desprecio por la exigencia ciudadana de UNIDAD prueba su carácter funcional a la restauración plena de la dictadura.

Es peor de lo que parece. No sólo que asisten desunidos a las urnas, los «candidatos» lo hacen, además, sin partidos; galopan en siglas fantasmales, seguros que ellos solos pueden someter al masismo, dar vida a un gobierno estable y a una democracia vigorosa, y sin necesidad de demoler la estructura jurídico-institucional y territorial de la dictadura. Es más, están convencidos que es posible convivir con el masismo y mantenerlo amansado.

Mientras el MAS avanza y la dispersión de los «candidatos» le allana el camino, la ciudadanía se mantiene en apronte, incluso 10 meses después de haber expulsado al dictador. Este hecho no sólo revela la hondura de su hastío, sino también su decisión imbatible de retornar a la República, reemplazada por una estructura jurídico-estatal amorfa y maleable, ajena a los principios esenciales de la democracia, como la Soberanía Popular, Estado de Derecho, Independencia de Poderes y Derechos Humanos, la misma que fue nombrada a sus inicios como «capitalismo andino-amazónico» (etapa transitoria al socialismo), y luego rebautizada como «Estado Plurinacional».

Al momento, y luego de una trabajosa organización que tomó años, la resistencia civil se halla formada por plataformas ciudadanas («pititas») organizadas en barrios, círculos de amistades y redes sociales, y organizaciones sindicales y sectoriales, caudal que confluye en un vigoroso movimiento cívico nacional. Si bien se halla a momentos mediatizada por los candidatos, quienes se esmeran por maniatarla y cooptarla para nutrir sus séquitos electorales, la ciudadanía no cede en sus exigencias: cancelar la personalidad jurídica del MAS, procesar a sus principales dirigentes por las atrocidades cometidas, incluido el fraude electoral de 2019, y restaurar la República de Bolivia, aspiraciones que no están presentes en la voz de los candidatos.

Después de tanto tiempo, y pese a recrudecer la pandemia, la ciudadanía sigue vigilante, en un indicio claro de que el alzamiento que expulsó a Evo Morales todavía se mantiene latente y que en cualquier momento puede nuevamente entrar en erupción.

Tanto el gobierno transitorio como los «candidatos» deberían leer con atención los movimientos de los verdaderos actores en juego, la resistencia civil y el masismo, a fin de fijar posición, ya sea a favor de la democracia o de mantener su funcionalidad con la dictadura. Sea como fuere, pese a las urnas, e incluso de espaldas a éstas, Bolivia se apresta a resistir en una pulseta cuyo desenlace podría ser definitivo.

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  • Ramiro Calasich G es autor de 80 libros: enciclopedias, textos académicos y libros de texto. Escritor, editor, corrector, curador de contenido. Redactor, Editor en Jefe: Última Hora – La Quinta. Columnista.

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