A RAFAEL CORREA EL CRIMINAL CONDENADO

A RAFAEL CORREA EL CRIMINAL CONDENADO

No podrás mirar a los ojos a tus hijos y explicarles que, en lugar de gobernar por el bien común, decidiste encabezar la más peligrosa banda criminal que registre la historia del Ecuador y saqueaste el país sin rubor alguno. No podrás mirar a tu madre a quien traicionaste, porque te llenaste de odio y perversidad para vengar el infortunio de tu infancia y juventud. No podrás recuperar los amigos que perdiste cuando el poder se te subió a la cabeza, envenenó tu alma y extravió tu camino. Hoy celebro tu condena. Especialmente por las víctimas que cosechaste en tu tórrido y funesto paso por el poder, entre ellos, a mi familia. Lo hago en nombre de mi madre, quien, al ver a su hijo apresado, terminó postrada en una silla de ruedas. Por mi padre que tuvo que vender su carro para costear la defensa. Por mi hermano, a quien dejaste en la calle por el delito de ser mi hermano y ordenaste al rufián de Carlos Baca que lo meta preso para saciar tu venganza conmigo. Yo, en cambio, no te odio. Apenas me das lástima por lo que hicieron de ti. La gente de bien, siempre teme al juicio inexorable de su conciencia y de Dios. Tu eres un pobre pelafustán, sin Dios ni ley, al quien le sienta bien la justicia terrena. Perseguiste y odiaste sin clemencia. Hoy la justicia abrió el camino para que el país pueda saldar cuentas contigo. En las sentencias que vendrán, en algo podrá la Patria resarcirse el enorme daño que provocaste. Y un día, finalmente, tú y tus secuaces, tendrán que devolver todo lo que se robaron. Te lo juro.

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A RAFAEL CORREA EL CRIMINAL CONDENADO

Por Andrés Páez Benalcázar

RAFAEL:

No podrás mirar a los ojos a tus hijos y explicarles que, en lugar de gobernar por el bien común, decidiste encabezar la más peligrosa banda criminal que registre la historia del Ecuador y saqueaste el país sin rubor alguno. No podrás mirar a tu madre a quien traicionaste, porque te llenaste de odio y perversidad para vengar el infortunio de tu infancia y juventud. No podrás recuperar los amigos que perdiste cuando el poder se te subió a la cabeza, envenenó tu alma y extravió tu camino.

Dónde están hoy día algunos alcahuetes de tus fechorías, que aplaudían todas tus maldades, mientras te hacías el cojudo para robar a manos llenas?. Chiros indeseables que puteaban a todos –para imitar tu estilo-, que son los nuevos ricos y que ahora no asoman siquiera a darte el pésame. Ya de nada sirven las miradas coquetas de Alexis, ni los suspiros de tus seguidoras, ni las genuflexiones de Patiño, ni las reverencias de las tropas las que maltrataste. Finalmente llegó el día de tu primera condena, para que entiendas cosas básicas del ser humano, que te las pasaste por el fundillo, con tu soberbia tan estridente: el poder es efímero y la vida da vueltas.

Hoy celebro tu condena. Especialmente por las víctimas que cosechaste en tu tórrido y funesto paso por el poder, entre ellos, a mi familia. Lo hago en nombre de mi madre, quien, al ver a su hijo apresado, terminó postrada en una silla de ruedas. Por mi padre que tuvo que vender su carro para costear la defensa. Por mi hermano, a quien dejaste en la calle por el delito de ser mi hermano y ordenaste al rufián de Carlos Baca que lo meta preso para saciar tu venganza conmigo.

Me odias porque yo te paré el carro canalla, y te acepté los trompones a los que nunca llegaste, aun cuando te di chance que vengas con tus 300 guardaespaldas. Me odias porque no manché mi honra con tu dinero sucio, ni incliné la cabeza ante tu mafioso poderío. Me odias porque combatí tu dictadura con la frente en alto e impedí que eliminaras la propiedad privada con tu famosa ley de herencias y plusvalía. Me odias porque no me rendí, porque no claudiqué, porque no me sometí a tus perversos designios.

Yo, en cambio, no te odio. Apenas me das lástima por lo que hicieron de ti, esos traumas infanto-juveniles que nunca pudiste superar. Te reprocho por la forma en que destruiste al país, enfrentando hasta a las familias, unos contra otros, para sembrar el terreno propicio para el descomunal saqueo tuyo y de tu pandilla. Te reclamo por haber rifado la mayor bonanza del país, que terminó en los bolsillos sin fondo de los malandros que reciclabas en todas las funciones públicas.

La gente de bien, siempre teme al juicio inexorable de su conciencia y de Dios. Tu eres un pobre pelafustán, sin Dios ni ley, al quien le sienta bien la justicia terrena.

Perseguiste y odiaste sin clemencia. Hoy la justicia abrió el camino para que el país pueda saldar cuentas contigo. En las sentencias que vendrán, en algo podrá la Patria resarcirse el enorme daño que provocaste. Y un día, finalmente, tú y tus secuaces, tendrán que devolver todo lo que se robaron. Te lo juro.

Dr. Andrés Páez Benalcázar
CC. 1001148145

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