NO NOS ENTUSIASMEMOS

Que una semana concluya con la noticia de que Leopoldo López ha salido de una cárcel chavista es una alegría.

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Que una semana concluya con la noticia de que Leopoldo López ha salido de una cárcel chavista es una alegría. Me atrevería incluso a decir que un gran gozo. Sin embargo y aunque no deseo aguar la fiesta a nadie, la verdad es que resultaría peligroso regocijarse en exceso. Sí, ya sé que hay personas que gritan que el régimen siniestro que ensombrece la vida de millones de venezolanos está vencido y que sólo falta aceptar su capitulación. Incluso no están ausentes los que interpretan el feliz evento como una prueba de que el chavismo se va a caer de un momento a otro. Me agradaría compartir su optimismo, pero, sinceramente, no puedo. Es más, me resulta imposible no contemplar esa conducta como una muestra excesiva – aunque comprensible – de optimismo. Recapacitemos en donde nos encontrábamos hace tan sólo unos meses.

Con la mediación del papa Francisco y de Rodríguez Zapatero, Maduro ofrecía la puesta en libertad de los presos políticos – varios centenares – a cambio de que la no celebración del referéndum revocatorio. La oferta no fue aceptada por poderosas razones como era el deseo de no proporcionar al régimen chavista un balón de oxígeno. En otras palabras, no se podía consentir en la perpetuación del chavismo a cambio de la libertad de los opositores que estaban encarcelados. Sin duda, se trató de una decisión dura, pero justa.

A día de hoy – algunos lo advertimos – resulta más que obvio que ese referéndum no se celebrará jamás y no sólo los presos políticos siguen en prisión sino que su número se ha incrementado dramáticamente en las últimas semanas. No sólo eso. Leopoldo López no está en libertad. Sí, es cierto que ha salido de la cárcel – lo que implica un grandísimo avance – pero sigue sometido a un arresto domiciliario. En otras palabras, dista mucho de ser libre. De las secuelas de los años de prisión basta para hacerse una idea el hecho de que, según el testimonio de su padre, tras tanto tiempo sometido a blancos y grises, los simples colores le resultan agresivos. Por si fuera poco, el gobierno de Maduro está cargando contra la fiscal que pidió su encarcelamiento y paseando el evento por los medios como prueba de la independencia judicial del sistema. Incluso no resulta descabellado pensar que el chavismo considera que la salida de Leopoldo López de la cárcel lejos de aglutinar a la oposición, la fragmentará.

Si se considera objetivamente todo, hay que llegar a la conclusión de que hace meses la oferta de Maduro vía papa Francisco y Rodríguez Zapatero era sacar a la calle a los presos a cambio de que la oposición dejara de presionarle con el referéndum revocatorio. Ahora, López está arrestado domiciliariamente, pero no ha salido nadie en libertad, han aumentado los recluidos en las ergástulas del chavismo y, por supuesto, no sólo no habrá referéndum revocatorio sino que Maduro se prepara para una asamblea constituyente que terminaría de dar siete vueltas de llave a la ausencia de libertades que padece Venezuela. Sinceramente, no da la sensación de que el régimen esté perdiendo el partido. Por el contrario, parece que es la oposición la que no deja de encajar goles aunque, eso sí, le han otorgado que el masajista trate a un jugador al que llevan tres años propinando patadas.

Comprendo la alegría de mucha gente y, en especial de la familia de Leopoldo López. Hay que compartirla e incluso dar gracias a Dios por todo, pero no seamos tan ingenuos como para caer en el entusiasmo. El chavismo, por desgracia, sigue en pie.

*Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor*