FRAUDE ELECTORAL EN ECUADOR

Los líderes políticos, gremiales y sociales, llamados a dar la cara y mostrar el camino de solución, no han dado la talla y han preferido acomodarse al poder.

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Estupor e indignación, son las secuelas de la usurpación de la voluntad popular en Ecuador, el pasado 2 de abril.

Esta última estocada significó el golpe de gracia a la extenuada democracia ecuatoriana. Adicionalmente, esta acción ilícita, lleva al país a un escenario deplorable, sin las garantías de un estado de derecho, a merced de un gobierno inescrupuloso, que se aferra al poder, para evitar juicios por peculado, malversación de fondos, enriquecimiento ilícito y otros delitos de corrupción.

Se conocía el afán del gobierno de ganar las elecciones a toda costa. Ya en primera vuelta fueron descubiertos en flagrante fraude, pero gracias a la presión de la gente en la calle, tuvieron que dar paso a la segunda vuelta.

La segunda vuelta significaba el todo o nada para el gobierno. Encuestas independientes daban el triunfo al candidato opositor y esto se confirmó el 2 de abril cuando tres exit polls y los datos del propio CNE, controlado enteramente por el gobierno, contabilizado 95% del escrutinio, arrojaban como ganador al candidato opositor. En ese momento apagaron la página web del CNE y cuando la reabrieron ya habían ejecutado el más infame fraude electoral, acreditando a Moreno con un supuesto 51% del total.

Es conocido el aforismo que “no existe el crimen perfecto”. Y en esta ocasión, a pesar de que el gobierno controlaba todo el proceso electoral, a través de la cooptación del CNE con el 100 % de sus miembros afectos al régimen, se descubrió no solo el cuerpo del delito sino el arma empleada. El fraude informático fue cometido empleando el software maligno conocido como “blackbox”, ya usado en el 2013 en Venezuela para otorgarle el triunfo a Maduro, en las elecciones ganadas por Capriles. Auditores forenses informáticos han determinado, además, que, para ejecutar el fraude, han debido apagar o dar de baja la página web del CNE, tal como ocurrió en Ecuador y en Venezuela con Maduro.

El fraude electoral constituye el candado que aplican estos gobiernos populistas con rasgos fascistas, auto denominados Socialismo del Siglo XXI, a su proyecto confiscatorio de las instituciones democráticas y conculcatorio de los derechos humanos y libertades.

El despojo burdo y brutal ejecutado por el gobierno, ha dejado a los ciudadanos ecuatorianos en la encrucijada de agachar la cabeza y aceptarlo con cobardía, o protestar con valentía hasta lograr que se imponga la voluntad popular expresada en las urnas.

El pueblo indignado ha optado por la vía de protestar en la calle, única instancia que le queda para expresarse, ya que no existe institución ni órgano de gobierno independiente y apegado a derecho.

La recia protesta ciudadana que ha persistido ya por 14 días, aun a pesar del recogimiento propio de la Semana Santa, no muestra señales de arredramiento. Al contrario, la protesta se manifiesta con arrojo y firmeza y está conformada por el pueblo llano, cansado de 10 años de fraude y abusos desde el poder.

Efectivamente, el fraude en Ecuador empezó hace 10 años, cuando confiscaron progresivamente cada una de las instituciones democráticas, incluidos los organismos de control y las funciones judicial y electoral. Se sometió a los medios de prensa y se usó los medios ilegalmente incautados, para divulgar el credo del gobierno con métodos propagandísticos totalitarios.

En términos de propaganda, el padre nuestro del gobierno, ha sido la infame máxima de Goebbels, Ministro de propaganda de Hitler: “Una mentira repetida suficientemente se convertirá en verdad”.

En Ecuador entonces, el pueblo se ha auto convocado en las calles para exigir al gobierno que rinda cuentas, no solo por este último fraude, sino por todos los fraudes cometidos en 10 años de gobierno autoritario que no admite reclamo ni voces disidentes, ni tampoco la alternancia, consustancial de la democracia.

Inflama también las protestas, la quiebra económica y financiera del país, que gozo en los últimos diez años, de la más grande bonanza fiscal en su historia, fruto de los altísimos precios del petróleo que rompieron todos los records y expectativas. A pesar de estos ingresos millonarios, Ecuador carece actualmente de reservas en caja y además registro un agresivo y oneroso endeudamiento externo, alcanzando el 40% del PIB. El petróleo, principal producto de exportación, se encuentra pre vendido a China por los próximos cuatro años, mediante contratos lesivos a los intereses nacionales.

La corrupción en los últimos 10 años alcanzo caracteres inimaginables fruto del manejo inescrupuloso de quinientos mil millones de dólares de bonanza petrolera y endeudamiento agresivo. La investigación periodística internacional, ahora laureada con el Pulitzer, que destapo los papeles de Panamá, fue la punta del ovillo que ha permitido descubrir la magnitud de los actos de corrupción perpetrados. Los sobornos de Odebrecht, que en Ecuador habrían alcanzado los trescientos millones de dólares, son solo la punta del iceberg de la colosal corrupción con la que han saqueado al país.

La combinación explosiva de populismo, demagogia, clientelismo, violencia, corrupción y fraude, promovidos desde el poder, hacen que la prognosis de Ecuador sea de carácter grave y complicada.

La única medida que con claridad contribuiría a una salida, es la alternancia en el poder, con la inauguración de un gobierno responsable, que desmonte todos los candados correistas y empiece con paso firme, la reconstrucción moral de la sociedad y de sus instituciones democráticas.

Los líderes políticos, gremiales y sociales, llamados a dar la cara y mostrar el camino de solución, no han dado la talla y han preferido acomodarse al poder.

El destino del Ecuador está en el pueblo llano que, guiado por su indignación y por su instinto moral y ético, exigirá en la calle, democracia y libertad y buscará la justicia denegada por los tribunales correistas.

Los héroes anónimos de la calle, que condenan el fraude y gritan “libertad y democracia”, con dignidad y valentía, constituyen ya el acto de resistencia más formidable que en 10 años ha enfrentado el régimen, lo cual vuelve imprevisible el desenlace que le espera al Ecuador.

Marcel D. Feraud: Defensor de la Democracia y Derechos Humanos. Ex Cónsul General del Ecuador en Miami. Presidente de Ecuador Law. Director del Instituto Interamericano para la Democracia.

*Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor*