El cambio en Argentina

 

Finalmente, las elecciones en Argentina han marcado el fin del ciclo kirchnerista, que ha durado casi 13 años. Mauricio Macri, un ingeniero que ha ejercido durante 8 años la jefatura de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, ha sido electo y tomará posesión del cargo el próximo 10 de diciembre.
 

En rigor, cualquiera de los dos candidatos que se enfrentaron en el balotaje argentino hubiera tenido el mismo sentido de un adiós a Cristina Kirchner y un cambio positivo para recuperar para el país su fisonomía republicana. Pero los primeros pasos y anuncios del gobierno electo hacen ser más que promisorias las expectativas. Lo más importante: su objetivo de promover la tolerancia y recuperar el diálogo entre los argentinos, y poner un acento especial en la represión de la corrupción. Algo sumamente importante, ya que las sospechas sobre malos manejos económicos también alcanzan la ciudad de Buenos Aires, y en una conducción racional de la economía argentina, desquiciada por Cristina Kirchner.

Al margen de la poca predisposición del gobierno actual a encarar una transición ordenada y provechosa, la designación del gabinete de Macri y las declaraciones de su equipo, permiten entrever un desarrollo más armónico y acorde con las instituciones democráticas. 

 

Como muchas veces hemos insistido, la recuperación de la república en  la Argentina es un aliciente para extenderla a los países bajo el llamado “socialismo del sigo XXI”. En ese sentido, la promesa de Mauricio Macri de llevar al seno de las entidades regionales (OEA, Unasur y Mercosur) la situación de Venezuela, a la que considera una dictadura al margen de los recaudos democráticos de esos organismos, es sumamente alentador. Al margen de que lo consiga o no, ya que necesita la unanimidad de sus miembros, el sólo hecho de que denuncie esa situación contribuirá a defender a los presos políticos, a los exiliados y a los dirigentes perseguidos por el régimen de Nicolás Maduro.