Los errores de Francisco Muller.

Por: Guillermo Lousteau (*) 


Francisco Muller, de la Fundación Padre Varela, ha señalado los que, a su entender, son cinco errores de Carlos Alberto Montaner cuando analizó la propuesta económica del Papa Francisco. Leyendo con detenimiento su propio artículo, se pueden detectar los errores que a su vez comete. Y asumo que, con toda seguridad, alguien podría señalar aquellos en que puedo incurrir con estas reflexiones.

 

Lo primero que salta a la vista, es que la hipotética discusión se produce en dos planos diferentes. Es muy difícil la comprensión cuando las partes arrancan de dos bases tan diferentes, como la moral y la realidad. Siempre, el que invoca la moral pareciera representar una posición mucho más idealizada, y elevada que quien reivindica el panorama de la realidad. Siempre la simpatía estará con los argumentos de la situación ideal, de lo que "debiera ser" opuesto a lo que realmente "es". Es un truco viejo.

 

Muller es quien establece esa distinción tempranamente, cuando invoca a la doctrina social de la Iglesia como un cuerpo moral, y parece descalificar la posición de Carlos Alberto, como meramente económico.

Quizás valdría la pena aquí recordarle a Muller que Adam Smith, a quien atribuye una teoría vieja, era, precisamente, un moralista y que es imposible analizar su "teoría vieja", expuesta en "La riqueza de las naciones" sin complementarla con su obra más importante, "Teoría de los sentimientos morales".

 

Esta claro que el tema es la pobreza. Y Muller comete en este tema su gran error, que es el punto de partida que invalida su argumentación. Dice textualmente: Esta idea (la de Adam Smith), desde luego, ha sido desmentida por toda la historia de los últimos dos siglos donde cada vez los ricos son más ricos y los pobres más pobres.

No hay explicación alguna que permita sostener que los pobres hoy son más pobres que hace dos siglos. Ni son más, en cantidad, ni su pobreza, en calidad, es tan grave como aquella.

 

Vale la pena insistir en que la pobreza es un estado natural, y que nadie "produce" pobreza. De lo que se trata es de lo contrario, de producir riqueza para "eliminar" la pobreza, única forma posible de tratar el tema. Creer que la pobreza se debe a los ricos parte de la infortunada afirmación de Montaigne, que tantas distorsiones ha ocasionado.

 

En estos dos siglos, el mundo ha producido el crecimiento económico más fenomenal que se pueda imaginar. En 1787, George Washington tenía un nivel de vida similar -si no inferior- al de Julio César. La cantidad de pobres era la enorme mayoría de la población mundial y las condiciones de vida generales era infinitamente inferiores a la de los pobres actuales. Esas circunstancias ya son cosa del pasado. Asimilar el siglo XIX al XXI, como hace Muller, no es un buen punto de partida,

 

La pobreza actual -pese a todas las percepciones populares- no llega al 16%. Está claro que ese 16% habla de mil millones de personas, pero está claro que la tasa de disminución de la pobreza permite ser optimistas respecto al futuro, gracias a la producción de la riqueza de estos dos siglos. Si hoy mueren 34,600 niños de hambre en el mundo, puede alguien calcular cuantos morían en el siglo XV?

 

Si de producir riqueza se trata, me gustaría conocer la propuesta de Muller para concretarla. Da la sensación de que sus propuestas en ese sentido, más que de crearla, se propone compartir la que ya "existe". De esa manera, el presente será algo mejor, si es que lo es, para los pobres. Pero los condenará a vivir en ese estado.

 

Como estos hechos son irrefutables, el reclamo moral se ha trasladado a la desigualdad. Es cierto que los niveles de desigualdad son irritantes. Pero eso no es lo mismo que el planteo sobre la pobreza, (que es el verdadero problema, no la desigualdad). Y aun cuando lo fuera, no es lo mismo discutir la desigualdad cuando existe la pobreza, que enjuiciarla cuando ya nadie es pobre. Por eso, insisto en hablar de pobreza y no de desigualdad. Y de cómo eliminarla.

 

El disenso con el discurso de Francisco no se asienta en desconocer la desigualdad, ni tampoco en ciertas conductas de "capitalismo salvaje". Pero una cosa es reclamar cambios de actitudes o aceptar regulaciones para atenuarla y otra, muy distinta, la condena al capitalismo en general, sin reconocer su aporte en la eliminación de la pobreza. En esta materia, la opinión del Papa, muy importante, es un aporte, pero no infalible, sino sujeta a otras opiniones. Por eso, me parece injusto atribuirle a Montaner la intención de desacreditar al Papa, cuando lo que hecho es discrepar. Esta afirmación de Muller también parece un error.

 

La Biblia es una fuente irrefutable para los cristianos, pero para el resto es una opinión más, aunque valedera. Pero aún así, cuando se la invoca, debe ajustarse su interpretación. Hay dos afirmaciones de Muller, invocando la Biblia, que no están ajustadas: a) todo ha sido creado para todos y b) el salario no pagado a un obrero es un pecado que clama contra el cielo

 

a)     Lo que ha sido creado para todos se refiere a la riqueza natural, no a la que el hombre ha creado después, gracias a un sistema que premia a la iniciativa, al trabajo, y las virtudes del llamado capitalismo.

b)    Hablar de salario no pagado no es lo mismo que discutir el monto del salario, o del precio de las cosas, tema en el cual, la escolástica tardía había establecido una teoría liberal, muy superior y anterior a la de Adam Smith.

 

Nuevamente, el concepto de "bien común" es un concepto agradable y atractivo en su enunciación. La doctrina social de la Iglesia lo ha consagrado como algo deseable. Pero la realidad, otra vez, ha mostrado el uso que se ha hecho de este concepto y de las formas diferentes que ha asumido. El propio Muller da el ejemplo de la revolución francesa como un ejemplo del mal uso de la igualdad y fraternidad, del bien común.

Desde la diferencia entre Platón y Aristóteles hasta hoy, y bajo diferentes denominaciones, se han contrapuesto lo colectivo a lo individual. Lo que sostiene Montaner es que bajo el pretexto del "bien común", el colectivismo ha mostrado sus peores facetas y ha sido el argumento de gobiernos autocráticos para avanzar sobre la libertad individual. No es que "nadie puede buscar el bien del otro ni mucho menos del todo social", afirmación que le atribuye Muller a Montaner. Ello desmiente la realidad, donde los ejemplos tanto personales como empresarios, son frecuentes.

 

Muller incurre en otros errores, como cuando se contradice al afirma, por un lado, que Montaner y el Papa coinciden en creer que "las necesidades de la sociedad tienden al infinito, mientras los recursos disponibles son limitados", mientras que, a su vez, afirma que no existe necesariamente una limitación del dinero, ya que "pudiera haber dinero para todo" y que ni hay conflicto entre distintos proyectos y que pudiera haber dinero para todo y o para todos, lo que justifica el "bien común. Donde está tu lógica, Francisco?

 

No quiero abundar en señalar los muchos errores de Muller cuando analiza el proceso económico ni el simplismo de su explicación.

Sólo un último punto: si elimináramos el llamado "consumismo" y se dejara de fabricar artículos de lujo, se dejaran de lado los plazos de obsolescencia propios de un fuerte consumismo, de los artículos de lujo, los viajes, qué cree Muller que pasaría con el trabajo necesario para producir esos objetos innecesarios? Allí es donde apunta Montaner.

Como algo alentador, quiero finalizar diciendo que tanto el Papa, como Muller, Montaner y yo coincidimos en algo: "la esperanza nos invita a reconocer que siempre hay una salida" .


La diferencia está en reconocer cuál es esa salida.

 

(*) Miembro del Consejo Directivo del Interamerican Institute for Democracy, y ex Presidente de la misma institución.