Los engañados por los socialistas del SXXI

(*) Por Hernán Maldonado

Hace algunos años varias alcaldías venezolanas prohibieron el “juego de la bolita” porque sus patrocinadores sencillamente eran unos tramposos. Consistía en poner una bolita de color debajo de un vaso (de 3 en una mesa) para que el incauto apostara bajo qué vaso estaba la bolita.

El que acertaba ganaba el doble de lo que había apostado o lo perdía todo. Los apandillados del tramposo apostaban y ganaban, incitando a la gente a hacer lo mismo. La primera vez ganaban. En la segunda lo perdían y después se esforzaban en vano en recuperar lo que habían perdido. Todo era cuestión de un hábil juego de manos del pillo.

Mucha gente, conocedora del infame truco, solía alertar a los apostadores de que estaban siendo timados, pero eran palabras al viento. Esto tan pueril, trasladado a otras dimensiones de la vida real, hizo exclamar alguna vez al gran dramaturgo estadounidense Mark Twin que “es más fácil engañar a la gente, que convencerla de que ha sido engañada”.

En estos tiempos lo vemos en los países gobernados por los socialistas del Siglo XXI. En su penúltima campaña electoral Hugo Chávez prometió: “Para el 2013 la pobreza se habrá acabado en Venezuela”. El “comandante galáctico” era un mentiroso contumaz. Apenas instalado en la presidencia en 1999 dijo que renunciaría “si dentro de un año sigue habiendo niños (limosneros) en las calles”.

Hoy Venezuela se debate en una pobreza atroz, no solo los padres, sino los niños y tienen que hacer enormes colas desde la madrugada por alimentos y medicinas. Jamás el país había soportado estas penurias. Sin embargo la propaganda oficial sigue haciéndole creer a los venezolanos que viven en el mejor país del mundo. Nicolás Maduro hasta ha creado un “vice ministerio de la felicidad”.

En Bolivia, Evo Morales al asumir el cargo hace 10 años dijo que seguiría viviendo en su habitación de un barrio marginal de La Paz y que no necesitaba de escoltas. En un santiamén pasó a ocupar la residencia presidencial, compró un avión para sus viajes internacionales en $38 millones (lujo que ninguno de sus antecesores se dio) y donde quiera que va se desplaza con un séquito voluminoso de camarógrafos y escoltas, a alguno de los cuales les ordena que le aten las trenzas de los calzados.

¡Qué lejos quedaron los tiempos del indiecito elegido presidente que se limpiaba las sudorosas manos en su chompa antes de saludar al Rey de España! Ahora es el “Jefazo” (panegírico del argentino Martin Sivak) y --a la manera del célebre personaje de Mario Puzo--, es el “Don Evo” de la política boliviana, la “luz que ilumina el continente”, según su canciller David Choquehuanca.

La relativa bonanza boliviana se debe a los altos precios de las materias primas de exportación, pero la propaganda oficial asegura que es obra de  Morales. Montado en ese caballo va a su tercera reelección. A la primera fue prometiendo que no se postularía otra vez. Para la segunda se saltó el ordenamiento legal que se lo prohibía y ahora para la tercera está mandando a sus áulicos a reformar la Constitución. Y lo va a conseguir.

Hace 10 días Maduro y sus compinches organizaron una manifestación en Caracas. Sería tonto decir que fueron pocos los asistentes. Hayan sido empleados públicos obligados, o lo que sea, la verdad es que también estuvieron miles de chavistas enfervorizados. ¿Estos no hacen colas en los mercados? ¿Estarán viviendo en el mejor país del mundo?

En Bolivia no hay manifestación sindical que no enarbole pancartas con el rostro del Che Guevara. ¿No se enteraron que fue el cabecilla de una invasión armada a su país? ¿Será que no saben que el Che, como comandante de La Cabaña, fue un brutal asesino que mandó a fusilar a cientos?

¿Olvidaron su “doctrina” expresada el 11 de diciembre de 1964 en la ONU?: “El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal”…

(*) Hernán Maldonado es periodista. Ex UPI, EFE, dpa, CNN, El Nuevo Herald. Por 43 años fue corresponsal de ANF de Bolivia.