El cuadro en Argentina no puede ser más aterrador

MIAMI.- La muerte del fiscal Alberto Nisman pone al país en una situación dramática y al Gobierno en la necesidad de responder adecuada e institucionalmente al reclamo ciudadano. Su responsabilidad objetiva es innegable, y habrá voces que seguramente querrán ir más allá.

El cuadro no puede ser más aterrador

Manifestantes opositores en una protesta por la muerte del fiscal Alberto Nisman este lunes a en las afueras de la sede del Congreso, en Buenos Aires. (EFE)

MIAMI.- GUILLERMO LOUSTEAU

El cuadro no puede ser más aterrador. El fiscal Alberto Nisman, que había pedido la indagatoria de la presidenta Kichner, de varios funcionarios y de allegados al Gobierno por connivencia con el Gobierno de Irán, ha aparecido muerto en el día de ayer, en su departamento. Habría muerto a la tarde, cuando su custodia estaba ausente. A partir de ese momento, transcurrieron varias horas de que el Gobierno comenzara a investigar y la información se oficializara.

Cualquiera que haya visto, escuchado o leído a Nisman después de su denuncia, da por descartada la hipótesis del suicidio, que sólo puede ser promovida por quienes intentan blindar al Gobierno a cualquier costo.

Nisman debería haber prestado este lunes su testimonio frente a la Comisión de la Cámara de Diputados, para sostener su acusación. Para ello, había solicitado o que la sesión fuera reservada, o que el Poder Ejecutivo le autorizara a dar los nombres de los informantes involucrados.

Su muerte pone al país en una situación dramática y al Gobierno en la necesidad de responder adecuada e institucionalmente al reclamo ciudadano. Su responsabilidad objetiva es innegable, y habrá voces que seguramente querrán ir más allá.

La denuncia y el pedido de indagatoria de Nisman no está exenta de generar dudas, a las que precisamente el fiscal quería despejar. En esa denuncia, se encuentran elementos políticos y elementos jurídicos sin poder distinguir claramente unos de los otros. Los políticos están estrechamente conectados con los servicios de inteligencia y del espionaje. Nada me es más ajeno que ese mundo, que no conozco ni entiendo. Lo que sí está claro es que cualquiera que haya sido el resultado de esas operaciones, si hay alguien que no puede estar exento de culpa es el Gobierno.

Como aprendiz de hechicero ha jugado y juega con el cuerpo de espías propios y ajenos, y en los últimos tiempos se ha visto obligado a producir cambios esenciales en su funcionamiento.

Es muy probable que la denuncia de Nisman esté íntimamente vinculada a esa lucha subterránea. Pero lo que pudo haberse planteado jurídica o políticamente, hoy, con la muerte de Nisman, ya no es posible.

A la hora de escribir esto, Cristina Kirchner no se ha expresado todavía. Pero, lamentablemente, diga lo que diga, su credibilidad está deteriorada para el grueso de la ciudadanía y su Gobierno no puede salir ileso de este drama.

El autor es presidente del Instituto Interamericano para la Democracia\